miércoles, julio 08, 2026

Vivencias, reflexiones y aprendizajes del ejercicio profesional como sociólogo

 


Vivencias, reflexiones y aprendizajes del ejercicio profesional como sociólogo


Por:


 

                    Luis Julián Salas Rodas

                                                                                   

 

La vocación y elección profesional

Fue en quinto bachillerato, no en décimo grado por cuanto soy de la generación de mediados del siglo XX, que tomé la decisión de estudiar sociología y vivir de y para ella. Fui el único de 123 compañeros de promoción del colegio San Ignacio de Loyola a lo que en ese tiempo se denominaba, con indulgente compasión las humanidades. Mis materias favoritas y en las que sacaba mejores notas, tanto en la primaria como el bachillerato eran: sociales, cívica, geografía, historia patria y gramática. Así que la elección por la sociología ya venía perfilada desde la infancia y la adolescencia. Elección reforzada por la atenta lectura, en la biblioteca del colegio, del tomo 3, de La Aventura del Saber, de 1967, de la Editorial Salvat, dedicado a las Sociedades Modernas. Debo a los padres jesuitas dos enseñanzas muy importantes en mi vida: el amor, la pasión por el conocimiento y la disciplina en el estudio. 

La decepción paterna y el ingreso a la Facultad de Sociología de la UPB

Luis Miguel Salas Bermúdez, mi padre samario no alcanzó a acompañarme a recibir el grado de sociólogo por cuanto falleció durante el segundo semestre de la carrera. Celmira Rodas Zuluaga mi madre paisa había muerto mucho antes cuando cursaba quinto de primaria. Fui el tercero de 6 hijos. Con gran decepción, llanto y tristeza asumió mi padre samario la noticia de mi elección profesional. Él quería que estudiase Derecho. No pudo aceptar que uno de sus hijos optará por una profesión cuyo único horizonte, según él, era el de ser profesor de sociales devengando un modesto salario. No me fue fácil sostenerme en la decisión cuando era común leer en las paredes: Se necesita sociólogo con bicicleta y escuchar, con burla de los amigos, aquello de que la sociología es una ciencia con la cual y sin la cual la sociedad sigue tal cual.  A todo lo anterior se sumaba la sospecha de ser simpatizante de las ideas comunistas y subversivas. No era muy promisorio el futuro que se avistaba, en verdad mi padre tenía motivos suficientes para llorar y sentirse decepcionado. Sin embargo, me mantuve firme en mi decisión y me inscribí como aspirante de sociología en la Universidad de Antioquia, pero, cosas del destino, ese año, 1975, anularon, por fraude, los exámenes de admisión en dicha universidad; también me presenté y pasé a la Facultad de Sociología de la Universidad Pontificia Bolivariana, sede La Playa. Como el estudio era nocturno, de día trabajaba como tabulador de encuestas y los fines de semana y tenía un trabajo estable. como encuestador en la firma INVAMER. A los 18 años ya devengaba un salario. Como provenía de un colegio masculino fue todo un suceso y motivo de satisfacción personal el poder estudiar y compartir amistades con mujeres. Motivo y satisfacción que más tarde en el trabajo con el Sector Social y las ONG habría de continuar.

En 1976, en el primer semestre, durante 40 días tuvo lugar una huelga general de estudiantes por el alza de matrículas. Como protesta los estudiantes a favor del paro hicimos marchas con carteles por la avenida la Playa hasta el edificio Coltejer. Todo un acontecimiento para un estudiante primíparo egresado de un colegio católico. En ese momento, recuerdo, la matricula mínima era de $1.100 y se subió a $1.320. Estudiantes de3 sociología lideraban las asambleas. El rector era Monseñor Luis Alfonso Londoño Bernal (+). Se desempeñaba como decano de la Facultad de Sociología Carlos Ocampo Gómez (+). Secretario académico, John Jairo Ochoa Tabares, sociólogo, luego Trinidad Goez (+), y como auxiliar de secretaria, Nazareth Álvarez Paniagua. La planta profesoral de los primeros semestres, la conformaban, en ese entonces, 21 profesores hombres. Ninguna mujer. No se hablaba, por entonces, de la participación y equidad de género. Entre los nombres de profesores y profesoras que recuerdo con admiración y gratitud están: Hernán Escobar, Ernesto Quirós (+), Javier Galeano, Hernán Mejía, Gustavo López, Hernando Restrepo (+) y Jaime Ruiz (+). Más adelante, en el quinto semestre, si tuve la oportunidad de tener dos muy especiales profesoras: Alaba Lucía Serna (+) y Eumelia Galeano. Con Alba lucía pude conocer a fondo la teoría estructural funcionalista y con Eumelia realizamos dos visitas de campo, las únicas e3n toda la carrera, en la materia de sociología rural una a la finca cafetera La Amalia en el municipio de Venecia y otra a una vereda minifundista en el municipio de Marinilla.  El pensum académico era de ocho semestres y las áreas de estudio eran; Metodología de la investigación, sub - teórica, sub - área instrumental, teorías sociológicas, historia, economía, área de disciplinas auxiliares, seminarios e idiomas.

Fui un buen estudiante y en varias ocasiones obtuve la beca de honor por tener las mejores calificaciones de sociología de la facultad y el reembolso de la exoneración del pago de matrícula. Me nombraron, también, como monitor de sociología a cargo del profesor Hernán Escobar Roldán. En 1981 me gradué, en compañía de Fabiola Gonzales Merino y Juan de Dios Montoya Londoño, con una tesis titulada: Lo urbano, la enfermedad y la salud. 

Alguna vez le oí decir a Monseñor Félix Henao Botero, exrector de la universidad, que los sociólogos: éramos una especie de agnósticos ilustrado. Que sabíamos de todo, pero que no creíamos en nada. ¡Buena definición!

Al fallecer mi padre presenté papeles de la sucesión a la oficina de trabajo social de la universidad para la reconsideración de la matrícula de mi hermana María Isabel que cursaba el último semestre de arquitectura. La solicitud recibió respuesta positiva y de $34.000, $17.000 por cada uno de nosotros, la más alta de la universidad en ese entonces, bajo a $2.000, la más baja. Y como éramos dos hermanos, recibimos, además, un descuento del 10%, quedando al fin la matrícula en $1.800.  Una gran ayuda económica para nosotros.

Siempre lamenté que la vida no me hubiese dado la oportunidad de que mi padre se hubiese sentido muy feliz y orgulloso de los logros profesionales de su hijo sociólogo.  

Cierre de las Facultades de Sociología y Filosofía

Ya para el año 1981 se anunciaba por parte de las directivas de la universidad el cierre de estas dos carreras por el bajo número de estudiantes matriculados. Fungía como decano de la facultad el sociólogo José Fernando Montoya. La matrícula de sociología se cubría, en parte, con estudiantes de segunda opción. Los programas se cerraron en 1984. Años después cerraron sociología en la Universidad San Buenaventura y la Autónoma Latinoamericana, quedando solo el Departamento de Sociología de la Universidad de Antioquia.    

Primeros empleos

Una vez graduado el ejercicio profesional lo inicié, como coinvestigador, durante un año con otras sociólogas en una investigación para la Unión de Ciudadanas de Colombia sobre las condiciones laborales de las mujeres trabajadoras en Medellín. Luego me nombraron como director del Centro Sicopedagógico de la División de Bienestar Social de la Secretaría de Salud del municipio de Medellín. Una institución cerrada que atendía la problemática de niños y adolescentes con problemas de conducta internados por jueces de menores. Muchos de ellos llamados los hijos del municipio.  Allí conocí, por primera vez, los efectos aniquiladores de la pobreza, el abandono, el maltrato y la violencia intrafamiliar sobre el desarrollo de la personalidad de este grupo poblacional.

En 1984 me vinculé como profesional tallerista de la Fundación para el Bienestar Humano FBH, hoy Fundación Bien Humano, durante cinco años. En esta ONG tuve la maravillosa oportunidad de conocer la Colombia diversa, rural, profunda, lejana y de difícil, acceso, en el trabajo con normalistas, maestros, profesores, padres y madres de familia. Esta época profesional de mi vida la nombro como la del apostolado laico, por la entrega personal, la dedicación, la intensidad del trabajo, por la aceptación de los participantes a los contenidos y metodología de los talleres que implicaban un reto permanente de innovación ante públicos tan distintos.  En estos años trabajé en municipios y departamentos como Pesca y Duitama, en Boyacá; Aguadas, en Caldas; Rio de Oro, La Gloria, en el Cesar, Socorro, Molagavita, Provincia de García Rovira, Barrancabermeja y la Belleza, en Santander; Arauca; Juan José, Tierra Alta, en Córdoba. En Juan José tuve que vencer mi miedo a las culebras que cruzaban por la ramada de paja que tenía por habitación y creer en lo que me decían las hermanas de la comunidad religiosa de las Lauritas acerca del pacto que la madre Laura, su fundadora, de que ninguna serpiente atacaría a una de sus hermanas o a que estuviese cerca de ellas y así fue pues ninguna de las cinco culebras que vi en mi estancia allí me picaron. En el municipio de Tuchín, Resguardo de San Andrés de Sotavento, Córdoba, donde los descendientes de los indios Zenúes, donde elaboran el sombrero voltiao, tuve la oportunidad de conocer a Don José, un artesano indígena, descendiente de los Zenú quien me invito a pasar a su humilde bohío; allí dos ataúdes negros centraron mi atención: uno abierto que servía de guardadero de los juguetes de los nietos/as y otro encaramado en el zarzo, debajo del techo. Al notar mi asombro y sin darme tiempo a preguntar, me dijo que él y su señora eran personas pobres pero dignas, que el extremo de la pobreza y de la indignidad era morirse   y tener la familia que salir a prestar el cajón entre los vecinos para ser enterrado. Que él y su señora podían morirse en paz y con tranquilidad porque ya tenían comparado sus cajones. ¡Que admirable lección de vida y de dignidad la que ese día me enseño Don José!

Otros municipios visitados fueron: Cajamarca Honda, Herveo (donde tuve que fumigar el colchón por las pulgas) y Armero, en el Tolima. En Armero trabajé, durante una semana con un grupo de 63 maestros/as y profesores/as en el mes de agosto de 1985, tres meses antes de la erupción del Volcán Nevado del Ruíz. Del grupo solo sobrevivieron 3 personas. Esta tragedia me impactó mucho,

Cuando estaba en Medellín nos tocaba repartir volantes en las casas y hacer reuniones de padres y madres en las escuelas para motivarlos a inscribirse como participantes del Curso de Formación para la Vida en Familia.

De mi apostolado laico, de esos años, conservo una grata vivencia de cambio y transformación humana. Al tercer año empezaron las dudas, las vacilaciones, acerca del sentido y la utilidad del trabajo promocional y preventivo con los padres y madres de familia. Todos los viernes, durante cuatro meses debía dictar el curso Vivamos en Familia, de tres a cinco de la tarde, en un precario salón comunal, en el sector marginal de la Avanzada, arriba de Santo Domingo Savio, donde el viento se devuelve, en la Comuna Nororiental de Medellín. Tenía que caminar 20 minutos por unas empinadas y peligrosas escaleras, luego de casi una hora y media de recorrido en bus desde el viejo Guayaquil. Ni en la imaginación más fantasiosa estaba la idea de que algún día la distancia sería acortada por la construcción y puesta en servicio de un metro cable. Los viernes por la tarde, precisamente, se agudizaba la crisis y el deseo de renunciar. Al final del cuarto mes, al terminar una sesión del curso se me acercó un niño, cálculo que debía tener alrededor de 12 años, el cuál esperó a que yo estuviera solo, a darme las gracias. Le pregunté gracias por qué o de que, y él me contestó:  profe, es que desde que mi mamá asiste a sus clases me quiere más porque ya me abraza, ya no me grita, ni me pega, y ella cambio por sus enseñanza y consejos. Sobra decir que las dudas se esfumaron en el acto, que allí, con el testimonio libre y espontáneo de ese niño comprendí que mi trabajo en la FBH tenía mucho sentido, que valía la pena el esfuerzo del fatigante viaje en bus y la subida y bajada a pie por aquellas tortuosas escaleras. Habíamos logrado cambiar, en forma positiva, la relación, el vínculo afectivo de una madre con su hijo, habíamos hecho posible la alegría, la felicidad y el bienestar de un niño. Y después, cuando me desempeñaba ya no como profesional tallerista sino como director ejecutivo de la FBH, en los inevitables momentos de soledad y desesperanza que conlleva el ejercicio del poder, venía a mi mente, a mi memoria la sonrisa, la cara alegre de ese niño que me animaba a continuar con la tarea de generar desde la dirección de la Fundación más oportunidades de cambio y transformación en la vida de las personas, familias y comunidades vulnerables del país.

La fuerza de un testimonio se convirtió, para mí, en una profunda convicción del poder transformación que logran las personas cuando introyectan un conocimiento, reflexionan y luego modifican en forma   positiva actitudes y comportamientos. No podemos desconocer que hay determinantes, situaciones de extrema indigencia, de pobreza y enfermedades mentales que impiden a las personas cambiar, pero no menos cierto es que como seres humanos estamos dotados de inteligencia, de conciencia, de juicio, de criterio y que tenemos, además, la opción de elegir y decidir.   

Participación en estudios socioeconómicos de valorización y ambientales 

En el intermedio de los trabajos me desempeñé como sociólogo contratista  del municipio de Medellín en los estudios socioeconómicos  de determinación de la capacidad de pago de los contribuyentes  de las obras de valorización decretadas por el Instituto de Valorización INVAL (Ya liquidado). También participé en la ejecución de estudios de impacto ambiental  en el componente social-.Esta experiencia  fue muy instructiva en mi formación por cuanto implicaba un trabajo interdisciplinario con otros profesionales.                                                                                                                                                                                                                                           

                                                                                               
                                                                       
                          

                       Trabajando con un grupo de normalistas en el municipio de El Santuario y un grupo                                          de madres de familia de la escuela  República de Dinamarca en Medellín                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

Docencia universitaria y administrativa

Mi primera vinculación como docente fue, en 1982, en el CEIPA como profesor de cátedra en las asignaturas de sociología general y sociología de educación. De 1988 a 1990 me desempeñe como profesor externo de sociología, de pregrado, en las Facultades de Administración, Comunicación Social, Trabajo Social y Formación Humanista en la UPB. En 1991, por invitación de la profesora y colega Alba Lucia Serna (+), jefe del Departamento de Sociología de la Universidad de Antioquia, estuve como docente ocasional, de medio tiempo, por un año, de diseño cuantitativo 1 y 2, en quinto y sexto semestre. Fue esta una experiencia difícil ya que había en el departamento un ambiente de hostilidad, de enfrentamiento entre los profesores. Más, sin embargo, pude realizar con los estudiantes visitas de observación de trabajo de campo en barrios de la ciudad. Del año 2008 hasta el 2013 me vinculé como profesor de cátedra en la Especialización en Familia de la UPB. Tuve, además, vinculación con la Universidad EAFIT, Universidad del Norte, Barranquilla y la Pontificia Universidad Javeriana, de Cali, en temas de familia y gobierno corporativo en el Sector Social y las ONG. Entre los años 2008 a 2011 fui docente del Diplomado en Cooperación Internacional para el Desarrollo. Módulo: Gestión Integral de entidades pertenecientes al Tercer sector de la UPB.  En 2021 profesor de la Maestría en Familia de la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla. Del 2021 al 2023, estuve como docente del módulo Familia y Sociedad de la Maestría en Familia de la UPB. En el 2026 en la Maestría en Salud Familiar y Comunitaria. Curso de Políticas Públicas en Familia y Salud.

La pasión por el conocimiento y la disciplina de estudio aprendida de los padres jesuitas me fueron de gran utilidad en mi ejercicio docente, donde el contacto y relación con los estudiantes era un mutuo y satisfactorio aprendizaje, el cual extendí, incluso, después de pensionarme.

Del 1995 a 1997 me desempeñé como Coordinador de Extensión, de medio tiempo, del Instituto de Estudios Regionales, INER, de la Universidad de Antioquia, cuyo jefe era el profesor, antropólogo y experto en familia Hernán Henao Delgado (+), vilmente asesinado, en 1999, en las instalaciones del INER, en la Ciudad Universitaria. Gracias a Hernán pude conocer y tratar, en sus últimos años de vida, a la antropóloga Virginia Gutiérrez de Pineda (+), maestra e investigadora insigne en temas de familia.

Mi formación de posgrado

Entre 1995 y 2003 me gradué como Especialista y Magíster en Ciencias Sociales, Gerencia de Desarrollo Social, de la Universidad de Antioquía y, a la vez, como Magíster en Ciencias de la Educación, Opción Desarrollo Social, de la Universidad Paris XII, en convenio de co-titulación con la Universidad de Antioquia. Para obtener este título era menester una pasantía en Paris para sustentar la tesis presentada y aprobada por la Universidad de Antioquia. El trabajo de grado de la maestría trató sobre: El cambio en las juntas directivas y los estilos de liderazgo en las ONG: una prioridad de la gerencia social. Cambios y estrategias para el fortalecimiento de las juntas directivas de la Corporación Paisa Joven.

Maestría cuyos costos de matrícula fueron cubiertos por la Corporación Paisa Joven (ya liquidada) y la Fundación Bien Humano. De mucha utilidad me sirvieron para mi desempeño como director ejecutivo de la FBH mis estudios de posgrado y algunos cursos adicionales de administración y finanzas.

El título de familiólogo no lo conseguí por haber cursado una especialización o maestría en familia, sino por haber trabajado, al lado de expertos, durante 29 años en la FBH.

En 2002 cursé en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Antioquia, un Diplomado acerca de: La Gestión de Proyectos de la Cooperación Internacional para el Desarrollo.

Relación con la empresa Metro de Medellín

En 1989 hasta el año 1991, al finalizar mi vinculación con la FBH, fui llamado por la empresa Metro para hacer parte como sociólogo analista del equipo de valorización en el estudio socioeconómico del proyecto de distribución y cobro de plusvalía a los propietarios de la zona de influencia por la construcción y funcionamiento del sistema masivo de transporte urbano del Valle de Aburrá. Es de anotar que desde el año 1988 a 1992 la obra del Metro estuvo paralizada por el conflicto jurídico y financiero entre el Consorcio Hispano - Alemán y la empresa Metro. Los medios de comunicación y la Opinión Pública eran adversos a la obra. ¿Y qué sería de la movilidad y calidad de vida de Medellín y el Valle de Aburrá sin la operación del Metro? Un caos total.

El estudio de valorización estimó que la plusvalía causada, o sea el mayor valor del suelo generado por la obra, era de 140 millones de dólares. Cuantía que nunca se decretó, pero que sirvió para expedir, por primera vez en Colombia, una ley de financiamiento de los sistemas de transporte masivo en las ciudades, donde el Gobierno Nacional financiaba el 70% de su costo y los entes territoriales el 30% restante. Un proyecto muy valioso generado en esa época fue el adelantado por el área de comunicaciones y el antiguo Banco Industrial Antioqueño BIC acerca de la Cultura Metro como una estrategia de pedagogía y convivencia del uso del sistema Metro por parte de los futuros usuarios. estrategia que resultó exitosa y que aún es vigente y modelo para otros metros del mundo.  

Una llamada telefónica y mi destino como director ejecutivo de la FBH y la Familiología

A mediados de 1992 y terminada mi gestión en la empresa Metro recibí una llamada telefónica de Inés Elvira Gautier Restrepo (+), directora ejecutiva de la FBH, hija de doña Ana Restrepo de Gautier (+), una de las fundadoras, en la cual me anunciaba su retiro de la entidad y me proponía, en nombre de la junta directiva, como su sucesor en el cargo. La noticia me tomó por sorpresa pues habían transcurrido tres años de mi retiro en la FBH y pensaba que mi ejercicio como sociólogo sería en las áreas de docencia, investigación y asesoría. Le contesté que me dejará consultar la decisión con la almohada. La consulté y le dije que sí. Pensé que podía estar allí dos o tres años, pero me equivoqué.  Fueron 24 años continuos de mi vida como su director ejecutivo.

La Fundación para el Bienestar Humano, hoy Fundación Bien Humano FBH, fue creada en 1934, en Medellín, por un grupo de damas católicas de la alta sociedad de Medellín, encabezada por la señora Mercedes Restrepo de Bernal con el nombre de Comité de Damas de la Caridad, después Sociedad de Damas de la Caridad, con el objetivo de: atender a las personas y a las familias en sus domicilios. Las Damas de la Caridad nacieron en Francia por San Vicente de Paul, patrono universal de la cardad, con el propósito de ayudar a los párrocos en sus obras sociales. Bajo un enfoque asistencial y religioso, como correspondía a la época. las Damas realizaron un amplio trabajo con las familias pobres y migrantes en el barrio Las Estancias, sector centro oriental de la ciudad. Obraron como un centro de prácticas para las estudiantes de trabajo social de la UPB y como oportunidad de empleo para sus egresadas. En 1970 cesaron todos los programas y vendieron las instalaciones al municipio de Medellín iniciando una nueva etapa de trabajo en el área de la educación familiar preventiva y la interrelación padres - hijos a nivel nacional. La FBH adoptó innovaciones educativas como la educación a distancia y las series radiales. En los años 80 implementó el programa de Formación para el Trabajo con la Familia con maestros y docentes. Programa reconocido con créditos para el escalafón docente por el Ministerio de Educación Nacional. En este período la FBH alcanzó una cobertura geográfica en 510 municipios y los 32 departamentos del país.

Al tomar posesión del cargo de director ejecutivo me preguntaba: ¿Qué sabíamos del sector Social? Nada. ¿A quién conocíamos? A nadie. A la semana siguiente tuve mi primera junta directiva para conocer a sus integrantes. Recibí una fundación reducida en el número de profesionales como resultado de ajustes de presupuesto. La entidad se sostenía con rendimientos del patrimonio, en un 96%, rendimientos que se fueron reduciendo por la baja de las tasas de interés. Así que la tarea prioritaria consistió en aumentar los ingresos operacionales con nuevos proyectos y programas para ofrecerlos a nuevos contratantes. La oferta se amplió para incluir niños, niñas, jóvenes y adolescentes. Se lograron establecer alianzas con otras ONG y contrataciones con distintos entes territoriales. En 1993 la FBH junto con el Centro Persona y Familia, los Centros de Formación Familiar, el Instituto Psicoeducativo de Colombia, IPSICOL, y el Instituto de Apoyo a la Familia, IDEAF, crearon la alianza del Comité Interinstitucional de Familia CIF, del cual ejercí como su secretario – coordinador, para liderar desde el Sector Social la política pública de familia del municipio de Medellín. Con el CIF y la Secretaría de Bienestar Social llevamos adelante en 1994, Año Internacional de la Familia, dos congresos latinoamericanos de familia y, durante varios años, el proyecto de educación familiar preventivo: Familia Siglo XXI: Hacia la construcción de una vida cotidiana diferente en todas las comunas de Medellín. Con la participación del CIF se lograron dos Acuerdos del Concejo de Medellín para las familias: en 1993 uno que creó el Foro Anual para la Familia, como espacio de interlocución y sensibilización de familias, actores públicos, privados y sociales sobre los asuntos que atañen a la Familia. En el 2011 el Acuerdo # 54 que adoptó la Política Pública para la promoción, prevención, atención y restablecimiento de los derechos para la Familia de Medellín, siendo la Secretaría de Inclusión Social, Familia y Derechos Humanos la responsable de ejecutar dicho Acuerdo.

Leer y escribir la realidad para ser libres, programa de alfabetización de adultos para restituir el derecho a la educación e inclusión social y Con-sentimiento para la prevención del embarazo en adolescentes fueron programas con gran acogida e impacto en la sociedad. Gracias a los distintos programas públicos y del Sector Social la problemática del embarazo en adolescentes se ha venido reduciendo. Por iniciativa personal, aprobada por la junta directiva y el comité de familia de la institución de la FBH, se realizó la investigación: La organización n social del cuidado de niños, niñas y adolescentes en Colombia, Áreas urbanas. Llevada a cabo en cinco ciudades, con cinco universidades y un equipo de 23 investigadores/as, en la cual participé como coinvestigador. Siendo la trabajadora social y profesora especial de la Universidad Nacional Yolanda Puyana Villamizar, reconocida experta en temas de familia y género, la directora de la investigación. Investigación ganadora del Premio Nacional de Familia de la Fundación Barco, en el año 2023, dotado con $50.000.000, suma que se repartió por partes iguales entre los investigadores/as. La categoría de Cuidado entró a hacer parte de la política pública de los entes territoriales mediante los sistemas regionales y locales del Cuidado. La Corte Constitucional reconoció el Cuidado como un derecho fundamental de las personas. La pandemia del COVID 19 puso en evidencia la fragilidad de la vida humana en el planeta y por eso se adquirió conciencia de la importancia del Cuidado y sus prácticas como un medio de su protección y supervivencia.

 

Se creó en la Fundación un Centro Documental especializado en Infancia, adolescencia, juventud,
mujeres y tercera edad. Otro gran logro fue la expedición de la Ordenanza #47 que aprobó la Política Pública de Apoyo y Fortalecimiento a las Familias de Antioquia y la Mesa Departamental de Familias como un espacio de incidencia política, de encuentro y dialogo interinstitucional en torno a temas de familia, entendiendo ésta como la primera agencia de formación humana. Dando cumplimiento, de esa forma, a lo ordenado por la Ley 1361 de 2009, de Protección Integral a la Familia. Ley que reconoció 19 derechos a las familias Gestión donde la FBH tuvo un papel destacado en compañía de otras organizaciones públicas y privadas. En este aspecto Antioquia es modelo para el país. Una lección aprendida de la participación en la formulación de las políticas públicas de familia es que la Ley no soluciona todos los problemas del Estado y la sociedad, pero sin las buenas leyes y su correcta aplicación no es posible empezar a solucionarlas. Las decisiones más importantes que toma una sociedad, para su bien o para su mal, son de índole POLÍTICA. Por eso comprendí que no solo debía ser un sociólogo desempeñando funciones administrativas, académicas o investigativas. También debía ser un ciudadano activo y comprometido ejerciendo incidencia política en los espacios públicos de formulación y aprobación de políticas de familia.

Muy meritorio para una ONG como la FBH alcanzar una trayectoria de vida institucional de más de 90 años fiel a su misión de trabajar con y para las familias para su bienestar y desarrollo. Primero como una fundación de carácter asistencial y confesional, después, con el transcurso de los años como una organización no confesional experta y reconocida por su trabajo. No son muchas las ONG en el medio, que logran cumplir más de 9 décadas de vida institucional. A las Damas de la Caridad una inmensa gratitud.


 En reconocimiento a su labor la FBH recibió en dos ocasiones, 1959 y 1989, el premio de Solidaridad de la Fundación Alejandro Ángel Escobar. En el 2006 la FBH junto con la Corporación Región y Conciudadanía fundaron el Fondo de Empleados de las ONG; FEDONG, para ofrecer servicios de ahorro y crédito a los empleados de las ONG.  A diciembre del 2025 el total de recursos movilizados en ahorro y crédito de los asociados es de $8.755.049.812. Una cifra muy destacada.



Entre el 2010 y el 2016 tuve al doctor Juan Guillermo Jaramillo Correa (+), reconocido líder empresarial, social y cívico como presidente de la junta directiva. El mejor jefe en mi ejercicio profesional. Ambos establecimos un liderazgo compartido con base en el mutuo respeto, la confianza y dialogo fluido. Él como líder de la junta directiva y yo como líder de la organización. Conté, también, con miembros comprometidos en la junta directiva y el comité de familia, entre ellos, destacados profesores/as de la Universidad de Antioquia con los cuales fue posible adelantar prácticas investigativas en la institución con estudiantes de trabajo social; y un equipo de muy competentes de profesionales, de ambos sexos, de tiempo completo, con sentido de pertenencia a la institución responsables en el desarrollo de los proyectos y programas.

Durante los años de 1996 – 1998 y 2010 y 2011 tuve el honor y la gran responsabilidad de presidir el Consejo Directivo de la Federación Antioqueña de ONG, FAONG, gremio articulador y representativo .de las ONG del departamento y del Sector Social, de la cual recibí un cálido y sentido reconocimiento público. Creada por iniciativa de la líder cívica y social doña Lucía de La Cuesta de Londoño (+) a quien conocía desde los 10 años por ser la madre de Juan Luis Londoño, compañero de pupitre del colegio, exministro de Estado quien murió trágicamente en un accidente de aviación. Ella y Beatriz Restrepo Gallego, eminente filósofa, profesora y asesora de la FAONG, me enseñaron con su palabra y ejemplo que el capital relacional acumulado debía de ponerse al servicio de la población vulnerable por medio de las juntanzas, (lo que hoy se conoce como el Networking), Alguien o una institución tiene un problema o necesidad, alguien o alguna institución tiene la solución y otro conoce a los dos y él los junta.

           .

Este cargo me dio la oportunidad de conocer, a fondo, la dinámica del Sector Social y de las ONG afiliadas. Obré, además, como coordinador de la Mesa de Infancia y Adolescencia. Entre las acciones emprendidas por esta Mesa estuvo la de presentar ante el Ministerio de Salud y Protección Social un derecho de petición para que cumpliese lo ordenado en la Ley 1361 de 2009 de formular la Política Pública Nacional para las Familias Colombianas 2012 - 2022. Derecho de petición que fue resuelto favorablemente.

Por supuesto que en 24 años al frente de la dirección ejecutiva de la FBH hubo crisis, momentos difíciles de disminución de ingresos y contratos, pero los supimos afrontar y salir fortalecidos. La Familia y el Gobierno Corporativo de las ONG fueron, aun lo son, mis temas de estudio e interés. Tuve la fortuna de estar siempre laborando, ocupado, como sociólogo.

Haber trabajado en el Sector Social, en el Mundo de las ONG y en la FBH me dejó grandes aprendizajes, muchas lecciones de vida como persona y sociólogo. No solo devengue un salario en dinero, sino, además, un salario emocional. Me mantuve cercano a las alegrías y sufrimientos de la población vulnerable. Me hizo una persona más solidaria y generoso. Me permitió la satisfacción personal de haber contribuido a mejorar el bienestar humano, a brindar oportunidades de cambio y transformación de muchas personas, familias y comunidades, a tener incidencia política, a relacionarme con diversas organizaciones gubernamentales y del Sector Social y a entablar relaciones de trabajo y amistad con colegas y compañeros de otras ONG.

Libros publicados

Las vivencias, las reflexiones y los aprendizajes como director ejecutivo y activista gremial los plasmé en cuatro libros, cuyo proceso de escritura, edición e impresión fue apasionante.

Salas, Luis Julián. 2007. En el Mundo de las ONG. Digital Express. Medellín.

Salas, Luis Julián. 2014. Juntas directivas, liderazgo y gobernabilidad democrática en las ONG. Guía para el fortalecimiento. Todográficas. Medellín.

Salas, Luis Julian. 2022. Las familias SÍ importan. Ensayos, reflexiones y debates contemporáneos sobre la situación de las familias colombianas. Multigráficas S.A.S. Medellín.

Salas, Luis Julián y otros. La Familia: La primera Escuela. Guías para las escuelas de familia. 2024. Fundación Secretos para Contar. Panamericana Formas e Impresos S. A. Medellín.

Pensionado, más no jubilado

En el 2016 me retiré de la Fundación y con ello di fin a mi vida laboral. Seguí vinculado como socio e integrante del comité de familia. Cumplí con el deseo vocacional y juvenil de vivir de y para la sociología. Para las nuevas generaciones de Milennials y Centennials, con otros valores e intereses en la vida personal y laboral, muy respetable, no está en sus proyectos de vida hacer parte como empleado a término indefinido en una empresa u organización. No fue mi caso. Lo di todo a esta noble y querida Fundación y ella, en reciprocidad, también me lo dio todo, con gratos momentos de reconocimiento por mi gestión y logros institucionales.

Me pensioné, más no me jubilé. En mi jubilación sigo vinculado como miembro de junta directiva, voluntario y socio en varias ONG de la ciudad y el país, aportando mi tiempo, mis conocimientos, mis experiencias y mi capital relacional al cumplimiento de sus misiones institucionales y a las juntanzas. Con gusto participó de los conversatorios a los que me invitan los amigos/as y colegas. Dedico, además, el tiempo a leer buena literatura, a la familia, a las amistades de siempre como los compañeros de pupitre del colegio, algunas compañeras de curso de la promoción y a un grupo de colegas exdirectores/as de ONG, lo mismo que para escribir y compartir en mis blogs, en Google, Familia y otros; Juntas Directivas ONG; ONG y Gerencia Social. Porque como bien dicen los alemanes: El saber crece si se comparte. Así que seguiré siendo sociólogo y ciudadano mientras la mente y el cuerpo me lo permitan.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

martes, julio 07, 2026

El síndrome y la trampa del fundador en una ONG

 


El síndrome y la trampa del fundador/a en una ONG

 

Luis Julián Salas Rodas

Sociólogo

Universidad Pontificia Bolivariana

Especialista y Magíster en Ciencias Sociales: Gerencia del Desarrollo Social

Universidad de Antioquia

Magíster en Ciencias de la Educación: Opción Desarrollo Social

Universidad París XII

Exdirector ejecutivo de la Fundación Bien Humano

Expresidente de la Federación Antioqueña de ONG

Blogs en Google: Familia y Otros, Juntas Directivas ONG; ONG y Gerencia Social

Luijus34@gmail.com

@LuisJulianSalas

Medellín - Colombia

 

Existen muchas razones y motivos que llevan a una persona a liderar la creación de una ONG: el deseo de hacer el bien a la humanidad, el aportar a la solución de un problema de la sociedad, honrar y perpetuar la memoria de un familiar fallecido. Para la consecución de tal propósito el fundador/a convoca a sus familiares, a sus amistades, compañeros, colegas a aunar esfuerzos y recursos, de todo tipo, para concretar el inicio de la organización. Las voluntades se congregan en una asamblea de constitución donde se fijan los estatutos y el organigrama. El acta se presenta luego a la autoridad correspondiente para obtener la personería jurídica y la representación legal.

Casi siempre el fundador/a se erige como presidente/a eterno/a de la junta directiva y es quien lleva la representación legal y su firma en los documentos financieros de la organización. Es quien decide que personas conformaran la junta directiva y su permanencia en ella. Y si la ONG es de carácter familiar, con mayor razón. Es de admirar el deseo y la voluntad de un fundador/a en querer hacer el Bien a la sociedad al promover la creación de una ONG a su servicio, bienestar y desarrollo. Poseen visión, pasión, carisma, una gran voluntad y resiliencia en vencer obstáculos y dificultades. Valores muy necesarios en los primeros años de vida institucional en una ONG. Pero, no se puede confundir la vida personal con los propósitos de la organización.  El mayor riesgo y tendencia del fundador/a es que derive en un estilo de dirección ególatra y autocrática donde sus opiniones, criterios y decisiones se imponen y son acatados, sin discusión, por los integrantes de la junta directiva.

Las funciones más importantes de una junta directiva son las de asesorar, apoyar supervisar el trabajo de la dirección ejecutiva. Velar porque sus decisiones sean cumplidas y no desconocidas. No puede convertirse en un comité de aplausos o en un funcionamiento, sumiso, pasivo y silencioso. Especial aporte de conocimientos, experiencias, independencia y buen juicio dan los miembros externos de una junta directiva. Desafortunadamente, esta situación no es posible en una junta directiva de presidencia autocrática. 

Así como las personas cambian en su Curso de Vida también las organizaciones, que son creación humana, cambian en el transcurso del tiempo. De ahí que para la garantizar la sostenibilidad de una ONG es muy importante la rotación entre la permanencia y el cambio en la composición de la junta directiva y de sus líderes.  La inmovilidad conlleva a que se instaure el síndrome, la trampa del fundador/a, se desconozcan el cumplimiento de ciclos, la necesaria renovación, la evolución en los estamentos de gobierno de la ONG, y se instale la resistencia, el temor, el miedo a delegar, a perder el control de las decisiones y se opongan a las nuevas ideas, los nuevos proyectos y programas como una amenaza a lo ya establecido, a lo rutinario.  Se niega el cambio por considerarlo que perjudica el ejercicio del poder autocrático del fundador/a. El fundador/a de dichas características termina, casi siempre, inmiscuyéndose en el día a día de la organización, en lo que se conoce como la micro gerencia, la coadministración. Práctica nociva que perjudica la autoridad y la buena marcha de la administración.

Lo paradójico del caso es que puede darse una ONG exitosa y reconocida en el medio por el cumplimiento de su misión institucional bajo un gobierno autocrático, pero, no es lo deseable. Lo deseable es que una ONG se rija por los principios de una gobernabilidad democrática en un Estado Social de Derecho.

Cuando se asienta la permanencia prolongada de los integrantes de una junta directiva y de su presidente/a fundador/a se genera un sentimiento no de pertenencia sino de apropiación de la ONG en el sentido de creerse, ellos y ellas, sus legítimos dueños. Y no debería ser así por cuanto lo que realizan es un encargo fiduciario una delegación legal de compromiso y responsabilidad de debida diligencia por parte del Estado y la sociedad en la custodia de un patrimonio económico, institucional y social. Tan es así que la Ley ordena que en caso de liquidación de una ONG los activos y el patrimonio deben transferirse a otra ONG con similar propósito social.

Cuando los lideres, los responsables de dirigir una ONG aceptan, definen que es necesario conservar y que es necesario cambiar y mejorar, se sitúan en la línea correcta para garantizar no solo la sostenibilidad sino, además, que la misión institucional y el objeto social están acordes con lo que demandan, esperan de ella la sociedad y las comunidades.

No solo los estatutos rigen la organización y su funcionamiento. Es necesario acoger los lineamientos, principios y orientaciones de un Código de Gobierno Corporativo que ordene, fije y limite los alcances de todos los actores involucrados de la ONG, que haga obligatorio el declarar los posibles conflictos de interés y su adecuada resolución. Que junto con los estatutos prevea tanto la sucesión como el empalme generacional en los puestos de liderazgo y administración.

La llamada prueba ácida de una ONG es que una vez hayan fallecido el fundador/a o los fundadores/as ella continué su vida institucional. Cuando esto no ocurre significa que fallaron en asegurar la sostenibilidad, que no lograron separar la vida personal y familiar de los creadores con la vida institucional; y al no haber previsto una buena sucesión y empalme generacional la organización termina debilitándose hasta llegar a desaparecer de la sociedad. Esas son, pues, las consecuencias fatales del síndrome, de la trampa del fundador/a en una ONG.    

lunes, enero 26, 2026

¿Qué tanto impacto tiene la inversión social privada de las ONG y las ESAL en Colombia?

 


¿Qué tanto impacto tiene la inversión social privada de las ONG y las ESAL en Colombia?

 

Luis Julián Salas Rodas

Sociólogo

Universidad Pontificia Bolivariana

Especialista y Magister en Ciencias Sociales: Gerencia del Desarrollo Social

Universidad de Antioquia

Magíster en Ciencias de la Educación: Opción desarrollo Social

Universidad París XII

Exdirector ejecutivo de la Fundación Bien Humano

Expresidente del Consejo Directivo de la Federación Antioqueña de ONG

Luijus34@gmail.com

@LuisJulianSalas

Blogs en Google: Familia y Otros; Juntas Directivas ONG, ONG y Gerencia Social

Medellín – Colombia

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Tres actores y su interrelación son claves en el desarrollo en un país con un Estado Social de Derecho y de Economía de Mercado, a saber: el Estado que representa y detenta el poder político, el monopolio de las armas, la recaudación de impuestos y la administración de una pronta y cumplida justicia; la Empresa Privada que detenta el poder económico y genera empleos y la riqueza de bienes y servicios y el Sector Social o Tercer Sector que representa el poder de la solidaridad, del apoyo y acompañamiento a las comunidades y a la población vulnerable Entre más se interrelacionen los actores más impacto tienen en promover tanto el desarrollo como el bienestar, el Bien Común, y la calidad de vida de la población.  Esto acontece en mayor medida si entre los actores se genera y mantiene un clima de confianza y respeto mutuo, aunque no siempre sucede de esta manera haciendo difícil y complejo establecer alianzas proyectos y programas compartidos. Las alianzas público-privadas entre estos tres actores se basan en la contratación, los convenios y las mesas de trabajo para formular políticas públicas y sociales en beneficio de la ciudadanía. Es de mencionar, además, los aportes al desarrollo del Sector de la Economía Solidaria, que en Colombia lo conforman las precooperativas, las cooperativas, los fondos de empleados y las mutuales.



Definición de Sector Social

Es el conjunto de organizaciones sin ánimo de lucro que no son gobierno ni empresas capitalistas, que trabajan por el bienestar colectivo y la justicia social, cubriendo áreas como educación, salud, vivienda, desarrollo humano, a través de la iniciativa ciudadana y la participación ciudadana democrática para resolver problemas sociales. (Google).

Los regímenes democráticos se caracterizan por reconocer y apoyar al Sector Social y sus organizaciones, mientras que en los regímenes autoritarios hay una tendencia a restringir el Sector Social, a reducir su autonomía y operación. es el caso de Nicaragua donde el dictador Daniel Ortega y su señora esposa han cerrado 5.600 organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales, confiscando sus bienes y consolidando el control estatal sobre la Sociedad Civil dejando  millones de beneficiarios sin acceso a bienes y servicios esenciales. (Google).  

La Empresa Privada, el Sector Social, las personas naturales y los distintos colectivos y poblaciones conforman la Sociedad Civil. Hay una distinción fundamental entre el Estado y la Sociedad Civil:  mientras que los funcionarios públicos solo pueden hacer lo que la Ley les permite, la Sociedad Civil puede hacer todo aquello que la Ley no les prohíbe. Esta distinción es esencial para entender la lógica y  -la dinámica de cada actor. Fue el filósofo alemán Federico Hegel (1770.1831) quien primero estableció la relación entre los conceptos del Estado y la Sociedad Civil, siendo el Estado el lugar, el mundo de lo público, de lo común, de lo que interesa a todos y la Sociedad Civil el lugar, el mundo de lo privado, de la familia, de las amistades, los vecinos, las comunidades, los grupos, los colectivos, las asociaciones, organizaciones y las empresas.

El Sector Social en Colombia está conformado por una gran diversidad y multiplicidad de organizaciones como ONG, Entidades sin ánimo de lucro, Organizaciones de Base y Comunitarias y Fundaciones Familiares y Empresariales. La heterogeneidad es de doble filo, por un lado, es muestra de la iniciativa privada y del ejercicio al derecho constitucional de la libre asociación, por otro lado, es dispersión de recursos y multiplicidad de organizaciones duplicando acciones en similares proyectos y programas.

A diferencia de los gremios de la Empresa Privada que tienen un voz fuerte y propia ante e Estado, la Opinión Pública y la sociedad mediante sus pronunciamientos de su Consejo Gremial, el Sector Social es débil, pues carece de esta fortaleza institucional y un un ente rector que convoque, agrupe, represente, movilice y defienda sus intereses ante el Estado y otros actores del país.

El Sector Social tiene una baja credibilidad, una limitada capacidad de gestión, coherencia interna, de articulación y  coordinación, pocas agendas compartidas, débil transferencia de conocimiento, dificultades en la comunicación y divulgación de resultados, preminencia de visión de corto plazo por el largo plazo, estigmatización y percepción difusa de los logros, brechas digitales entre las organizaciones, limitaciones técnicas y de metodología, fragilidad y falta de permanencia de las alianzas público privadas, baja incidencia política, poca oferta de fortalecimiento institucional, dificultad en contratar, remunerar y retener personal con conocimientos y experiencia, escaza capacidad de seguir, monitorear y medir resultados y soportar evidencias de cambio y transformación, y la, lo más importante: la dificultad de conseguir y mantener fuentes confiables y seguras de financiación para cumplir, a cabalidad, la misión institucional y los objetivos de los programas formulados y a ejecutar..   

(Para una mayor información y conocimiento del Sector Social en Colombia consultar el estudio realizado, en 2025, por Compartamos con Colombia, Enlaza Sur, con el apoyo de la Ford Foundation y la participación de 200 organizaciones distribuidas así: 112 Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC), 58 Organizaciones de Base o Comunitarias, y 30 Fundaciones Familiares y Empresariales).  Https://compartamos.org).

 Asociación de Fundaciones Familiares y Empresariales de Colombia, AFE

Esta asociación, con sede en Bogotá, creada en 2008, agrupa organizaciones de 85 fundaciones familiares y empresariales del país, mediante el trabajo en alianza para impulsar y unir esfuerzos en proyectos de desarrollo social, educación y bienestar.

Aura Lucia Lloreda, directora ejecutiva de la AFE, en un interesante artículo escrito para la revista Semana analiza el desafío de invertir en lo social en tiempos de incertidumbre y desconfianza y explica el por qué la coordinación con las políticas públicas hoy es clave. (Revista Semana, 22 de diciembre de 2025).

En dicho escrito la directora de la AFE da una cifra con datos del 2024 frente a la cuantía de la cooperación privada, entendida como la inversión social realizada por empresas, fundaciones y otros actores de carácter privado. La suma dada es de más de 4 billones. De esa cifra afirma la doctora Aura Lucia que en la AFE se invirtieron más de un billón de pesos en 2024 a través de más de 800 iniciativas que impactaron a más de 16 millones de colombianos.  

De entrada, dos observaciones frente al artículo, una es la imprecisión en la cifra suministrada de 4 billones de pesos y más, de los cuales un billón de pesos y más son de aporte de las organizaciones afiliadas a la AFE; la otra observación es que no nos dice cuál es la fuente de información de los 3 billones de pesos y más de las otras empresas y ONG no afiliadas a la AFE. En términos económicos las cifras, los números deben de ser exactos y no aproximados. En términos de credibilidad y transparencia siempre se deben citar las fuentes de donde provienen las cifras y los datos.

Dejando de lado los reparos a dicha cifra, 4 billones de pesos es muy poco monto de inversión privada aportada por las empresas y las organizaciones del Sector Social. Decimos que muy poco si la comparamos con los ingresos anuales de las empresas privadas, por ejemplo, con el listado de las 50 empresas más grandes del país. En el puesto 35 esta Interconexión Eléctrica ISA con ingresos de $4.13 billones y en el puesto 35 está ubicada Toyota Colombia con $4 billones. Traigo a colación el ejemplo comparativo con la empresa privada para demostrar el argumento de la baja cuantía de recursos financieros que moviliza en nuestro medio el Sector Social. Según cifras de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) en el año 2025 se registraron en el Régimen Tributario Especial (RTE) 1037 Entidades Sin Ánimo de Lucro ESAL, entre fundaciones, corporaciones, asociaciones, cooperativas, precooperativas, ligas, federaciones, clubes deportivos. No se cuentan en este listado las ESAL que se pasaron al Régimen Tributario Ordinario RTO donde deben pagar impuestos si generan excedentes en la operación.

Caben otras comparaciones, por ejemplo: con el presupuesto general de la nación de $547 billones aprobado por el Congreso para el año 2026 es menos del 1%; o sea apenas el 0.73% del mismo. Los 12.000 mil millones de dólares de las remesas que los colombianos/as envían a sus familias del exterior según el Banco de la República y como porcentaje del Producto Bruto Interno del país (PIB) de 438.120 mil millones de dólares de acuerdo a datos del Fondo Monetario Internacional (FMI),

Una restricción para las ONG y ESAL de Primer Piso obtener recursos para la operación de sus proyectos y programas son las pocas ONG y ESAL de Segundo Piso que están dispuestas a aprobar y desembolsar los dineros solicitados. Estas entidades delimitan, en su mayoría, de acuerdo a su misión institucional y objeto social estatutario, cuales proyectos a financiar y cuáles no. O sea que solo apoyan aquellos proyectos y programas de las ONG y ESAL que estén en sintonía y concordancia en las convocatorias.

En cuanto a la celebración de convenios de asociación con agencias del Estado éste impone a las ONG Y ESAL contrapartidas ya sea en especie o dinero para llevarlos a cabo. En este sentido las ONG y ESAL de Segundo Piso como las Fundaciones Familiares Y Empresariales tienen más posibilidades y más recursos financieros disponibles para aportar que las ONG y ESAL de Primer Piso. Es una desventaja estructural.

Coordinación con las políticas públicas y programas de las agencias del Estado y los entes territoriales

Es bienvenido el llamado que hace la directora de la AFE en cuanto a superar la tendencia de las ONG y ESAL y a las empresas privadas a obrar e implementar los proyectos y programas institucionales dejando de lado el establecer uniones, alianzas con otras organizaciones sociales y en especial con el Estado. Escribe al respecto: En este escenario, las empresas privadas no solo están llamadas a sostener su compromiso con el desarrollo sino hacerlo de manera más articulada, estratégica y, sobre todo, responsable (…) La relación entre lo público debe evolucionar. No se trata de reemplazar al Estado ni mucho menos de asumir funciones que le corresponden, sino de construir esquemas de colaboración más claros y estables. El sector privado puede aportar innovación, conocimiento y visión de largo plazo; el sector público, orientación estratégica, capacidad de política pública y estabilidad. Sin embargo, sin reglas claras, coordinación territorial y. sobre todo, confianza, cualquier esfuerzo queda incompleto.   

Muy de acuerdo. La coordinación con el Estado depende de su recepción y de la voluntad política de aceptarla. La verdad sea dicha que bajo el gobierno del presidente Gustavo Petro Urrego no ha habido un real interés en trabajar con las ONG y las ESAL del país. En sus discursos y narrativas no las nombra ni las ha tenido muy en cuenta a la hora de coordinar las políticas públicas, proyectos y programas con agencias estatales. Ha preferido hacerlo directamente con las comunidades de base las cuales prestan apoyo político en contraprestación por los dineros recibidos. Sigue existiendo en el Gobierno Nacional y en sectores de la Opinión Pública y de la sociedad un entorno no habilitante que impide una mayor actuación, gestión e impacto social de las ESAL y las ONG. Vale anotar que existen excepciones al respecto en algunos entes territoriales como departamentos, distritos, ciudades y municipios que si propician las alianzas y el trabajo coordinado con ellas.

Otros dos factores que se agregan  un entorno no habilitante para las ONG y ESAL en cuanto a recursos financieros  son la reducción de los beneficios tributarios a las empresas y donantes dado en el decreto 2150 de 2017, y la disminución de los aportes de la Cooperación Internacional al Desarrollo desde las agencias de los países desarrollados como Estados Unidos con el cierre de USAID y en Europa con el recorte de la ayuda para destinar esos dineros a incrementar los gastos de defensa ante la guerra en Ucrania y la amenaza de Rusia.

En cuanto a las acciones de la AFE deberá ésta convocar y dar mayor participación a las ONG y ESAL de Primer Piso, afiliadas a la Confederación Colombiana de ONG y sus federaciones regionales por medio de alianzas con las de mayor reconocimiento, idoneidad y trayectoria como expertas en distintos temas del desarrollo y conocimiento de las comunidades urbanas y rurales del país, a la vez que fortalece, en mayor medida, todo el Sector Social.

Cobertura nacional de la inversión social privada

Retomando las palabras de la directora ejecutiva de la AFE: Aunque la inversión social privada tiene cobertura nacional, su mayor concentración se mantiene en departamentos como Antioquia, Valle del Cauca, Bogotá, Cundinamarca, Atlántico Y Bolívar, mientras que regiones con altos niveles de pobreza multidimensional como Vichada, Guanía, Guajira, Vaupés y Chocó continúan rezagadas. Estas brechas no responden solo a la disponibilidad de recursos sino también a limitaciones de coordinación, capacidad institucional y continuidad en la acción pública, que siguen restringiendo el impacto de los esfuerzos existentes.

Muy valedera la crítica y reflexión de la directora a este respecto. Solo mencionar que aún existen muchas fundaciones familiares y empresariales que bajo el concepto de Responsabilidad Social Empresarial RSE circunscriben su atención, recursos, programas y proyectos únicamente a las grupos, familias y comunidades vecinas a sus fábricas sin extender su compromiso y solidaridad a otras poblaciones no cercanas y alejadas.

La medición del impacto social de la inversión privada del Sector Social

Con relación a este importante asunto escribe la directora de la AFE: Y finalmente, avanzar hacia la tomade decisiones basada en la evidencia, profesionalizando aún más el trabajo del sector, midiendo resultados, reconociendo errores y concentrando esfuerzos en lo que realmente genera impacto.

Medir el impacto social de los proyectos y programas tanto públicos, como de la Empresa Privada y el Sector Social, eh ahí el meollo de la cuestión, lo esencial.

La medición del impacto social es un proceso analítico y sistemático que cuantifica y comunica el valor social, ambiental y económico generado por una organización o proyecto yendo más allá de las métricas financieras. Permite evaluar cambios reales en la comunidad, mejorar estrategias, captar financiación, garantizar la transparencia y mejorar la reputación (Google).

El impacto social de un proyecto o programa puede ser planificado e intencional, con consecuencias y resultados tanto positivos como negativos, directos o indirectos, de corto o largo plazo. Un impacto social puede ser negativo en una comunidad cuando desde un enfoque y metodología asistencial tiene como resultado incrementar la dependencia hacia la ONG o la ESAL, frenar la iniciativa, impedir la autonomía y la participación activa, impidiendo el despliegue en las comunidades de sus fortalezas, sus capacidades y sus oportunidades reales de cambio y transformación en su nivel y condiciones de vida tanto personal como colectiva.   

Como bien se deduce de la definición, los impactos sociales en la realización de programas y proyectos no se limita, únicamente, a recopilar testimonios de los participantes, a registrar las estadísticas de las actividades realizadas, ni al, alcance y cobertura geográfica y poblacional alcanzada durante el tiempo de ejecución de los mismos.

La medición del impacto social es un campo del conocimiento que requiere de expertos evaluadores e investigadores, con amplio conocimiento en enfoques, metodologías, tanto cuantitativas como cualitativas, en la recolección de datos, procesamiento, análisis y experiencia acumulada a través de los años.

Para emprender, con acierto, un estudio, una evaluación de impacto social es requisito indispensable contar desde un principio con los recursos económicos suficientes. Se estima que el valor de una evaluación de impacto social, en promedio, la mitad del costo de ejecución del proyecto o programa. No siempre se cuenta con recursos propios para contratarlo, ni tampoco es fácil encontrar quien esté dispuesto a financiarlo.

Un estudio de impacto social requiere construir una Línea de Base, Ex Ante, con las categorías e indicadores más relevantes a medir y contrastar no solo durante su ejecución sino un tiempo después de su finalización o sea ExPost. El verdadero impacto social de un proyecto o programa reside en demostrar, con evidencias, que estos si lograron trasformar, cambiar las condiciones de vida de las personas, grupos, familias y comunidades tal como se esperaba en la formulación de los objetivos iniciales a lograr. El verdadero impacto social es aquel que permanece en el tiempo, es decir que no desaparece, ni se diluye con los años.

A continuación, dos ejemplos ilustrativos de dos mediciones del impacto social:

1. Los programas de inversión en la Primera Infancia presentado por el profesor estadounidense James Heckman:

La evidencia muestra que la forma más costo-eficiente de proveer igualdad de oportunidades, mayor desempeño y mayor éxito económicos complementando el entorno familiar de los niños en situación de vulnerabilidad con educación. Los beneficios obtenidos en la Primera Infancia se deben reforzar con una educación secundaria y superior de calidad que continue el desarrollo de destrezas cognitivas y el carácter.

La preocupación por el costo de la educación en la Primera Infancia es justificable, pero desaparece rápidamente cuando se compara con los retornos. Programas como el Perry Preschool cuestan entre US$ 7.000 y US$ 8.000 al año por niño. Este monto es muy parecido al gastado por niño en la educación secundaria pública. La tasa de retorno de la inversión en educación de calidad para la Primera Infancia es del 7-10% al año. Esta tasa de retorno es exponencial y sumamente valiosa; cada dólar invertido en educación para la Primera Infancia rinde diez centavos al año durante cada año de vida del niño. (…) Una inversión en los primeros años de vida nos permite forjar el futuro y construir capital; invertir más tarde nos condena a corregir las oportunidades perdidas del pasado, lo cual lo pagaremos muy caro. (Reflexiones sobre la importancia de invertir en la Primera Infancia. Documentos escritos por el profesor James Heckman. www.heckmanequation,org).

2. Otra medición de impacto social y económico comprobada es la de la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT) que realiza el DANE donde mide la manera como las personas distribuyen su tiempo diario en actividades remuneradas y no remuneradas como las tareas del Cuidado y los quehaceres domésticos. La encuesta ha estimado que el impacto, el aporte del trabajo no remunerado de las mujeres, en la llamada Economía del Cuidado, es cercana al 20% del PIB del país, es decir 80 mil millones de dólares. Una cifra enorme. Ese sería el dinero que habría que remunerar a las mujeres que dedican a esas labores, en promedio, 7 horas y 35 minutos diarios. (https://dane.gov.co).

3. En Chile el programa gubernamental Ingreso Solidario tenía como objetivo sacar, durante cuatro años, a las familias de pobreza extrema a la línea de pobreza mediante subsidios condicionados ya cobertura y acceso a servicios y programas estatales. Unos años después de realizado el estudio de impacto social se halló que una de tres familias volvía a la pobreza extrema debido a condiciones de alta vulnerabilidad imposibles de cambiar.

Otros medios y metodologías, menos costosos, a la que pueden acudir las ONG y las ESAL en la evaluación del impacto social son la sistematización de experiencias como método de interpretación crítica que reconstruye y ordena los procesos vividos para allegar conocimiento, comprender su lógica interna y los distintos factores intervinientes. Implica la participación activa de las personas y grupos involucrados.

Los estudios de efectos tempranos son otra forma de detectar impactos iniciales al momento de terminar la ejecución del proyecto o programa sobre la población intervenida. Se realiza mediante la aplicación de cuestionarios, grupos focales y testimonios. La limitación es que no puede determinar si los cambios hallados van o no permanecer en el tiempo.

La implementación de estos estudios de impacto social por parte de las ONG y las ESAL implica crear un área de gestión del conocimiento dentro de la organización responsable de asumir dicha tarea en los proyectos y programas elegidos para dichos estudios. Otra manera es contratarlo con firmas y expertos externos. A este respecto es importante que las ONG y las ESAL que publiquen, divulguen y socialicen los resultados tanto con la comunidad científica como ante los medios de comunicación y redes sociales y foros y no limitarse solo a informar a las juntas directivas y asambleístas de la organización.

En el citado estudio del Sector Social en Colombia se afirma que el 33% de las organizacio9nes y fundaciones empresariales declara no haber realizado ejercicios de medición de impacto en sus proyectos y programas. Las razones más frecuentes  son la falta de conocimientos, con el 32%, de recursos técnicos o económicos, 19%, especialmente en organizaciones sociales y comunitarias, evidenciando debilidades en el seguimiento, monitoreo o evaluación de sus intervenciones.

El estudio menciona, además, diferencias notables entre fundaciones familiares y empresariales con otras ONG de Primer Piso, de Base y Comunitarias en loa medición del impacto social en cuanto a capacidad técnica e indicadores definidos y formulados. Recomienda a las organizaciones la formación de indicadores significativos, medibles y contextualizados y contar con una caja de herramientas que incluya ejemplos y formatos adaptables que vincule la medición con la misión institucional. La satisfacción expresada por los beneficiarios y participantes de los programa y proyectos son un insumo importante en los criterios de medición del seguimiento, monitoreo e impacto de los mismos. Concluye que la medición del impacto suele responder más a exigencias externas que a una cultura organizacional de aprendizaje. El 23% de las Fundaciones Empresariales, de la muestra, no cuenta con indicadores en sus proyectos y por lo tanto no le es posible medir su impacto social. Y solo el 7%, una cifra muy baja, identifica la medición como una causa principal de sus problemáticas. Sin embargo, su baja priorización afecta la capacidad de demostrar resultados y limita el acceso a nuevas fuentes de financiamiento o alianzas estratégicas. En consecuencia, la medición del impacto social de los proyectos y programas es un punto débil en las organizaciones de la muestra.

Como hallazgo importante del estudio se identifica que el 69% de las organizaciones encuestadas identifican la falta de financiamiento como la principal problemática que limita la operación, el crecimiento y proyección a largo plazo y está directamente vinculada a la dependencia de recursos internos, la baja inversión pública y la falta de estrategias de generación de ingresos propios. (…) El panorama del Sector Social en Colombia muestra una alta vulnerabilidad de las organizaciones, donde dos de cada tres que aún dependen de donaciones. Solo un 42% recibe ingresos en forma constante y un 35% podría operar un máximo de un mes si se interrumpen sus recursos actuales. Es de anotar que las Fundaciones Familiares y Empresariales disponen de mayor fuente recursos disponibles en sus presupuestos que las ONG y las ESAL de Primer Piso, así como las organizaciones de base y comunitarias.

Otra falencia notable en cuanto a evaluación en las ONG y ESAL es la ausencia de una cultura de evaluación del desempeño del presidente(a), del director(a) ejecutivo(a) de y la junta directiva. Sin una rigurosa y anual evaluación de la junta directiva no es posible aplicar correctivos, cambios y mejorar el desempeño. En dichas juntas directivas que así proceden reina la rutina de lo ya establecido, el inmovilizmo y resistencias a considerar y aplicar decisiones, de fondo, para cambiar estatutos y transformar la organización ante las demandas del entorno.    

Ante la escasez de recursos de las agencias oficiales de cooperación al desarrollo las ONG de los países del Tercer Mundo ven en la Filantropía Consciente de ONG del Primer Mundo una fuente, una oportunidad de financiación de sus proyectos y programas. Apoyo que está siendo determinado por la demanda de exigir resultados verificables y confiables para su aprobación. Exigencia que implica una mayor competencia entre las entidades y un mayor esfuerzo institucional para conseguir dichos recursos, en especial a las ONG y ESAL de menor tamaño y relaciones.

Los Bonos de Impacto Social (BIS) son otra iniciativa para obtener financiación de inversores privados en proyectos y programas sociales de las ONG y ESAL donde el Estado, el gobierno solo paga si se cumplen, a cabalidad, los objetivos y metas. Los inversionistas aportan el capital inicial asumiendo el riesgo de no retorno si estos no se cumplen. El modelo de los BIS pretende mejorar la efectividad del gasto público, la innovación social y la resolución de problemas en las comunidades. (Google).

No deja de ser un asunto inquietante de cómo puede hacerse, con validez y verificación, la medición del impacto social de la inversión privada en un país como Colombia con una población, urbana y rural, vulnerable en zonas de conflicto, con actores armados que se disputan, con violencia, territorios, acceso y control de rentas ilegales mediante el desplazamiento forzado, amenazas, extorsiones, desapariciones. Secuestros, confinamientos, despojo de tierras, reclutamiento de menores, asesinatos y víctimas.

La mayoría de las ONG y ESAL del país tienen una cobertura geográfica y poblacional limitada a lo local o regional. Muy pocas tienen una cobertura nacional. De ahí que el monitoreo, seguimiento y medición del impacto social de los programas y proyectos cuando estos se realizan están circunscritos a un territorio y población determinada.

Mientras que la Cooperación Nacional e Internacional demanda, cada vez más, quelas organizaciones del Sector Social midan y divulguen el impacto social de sus proyectos y programas, no existe la misma crítica y exigencia de medición con respecto al Estado, sus agencia y entes territoriales donde 3s de dominio público los actos de corrupción en la contratación y ejecución de obras civiles inconclusas, elefantes blancos, presupuestos desfinanciados, proyectos y programas mal formulados y sin terminar, otorgación de subsidios, coimas y sobornos de los contratistas a los funcionarios públicos, cohechos, peculados, prevaricatos, concusiones. Todos graves delitos contra el erario público contemplados en el Código Penal. Bastante trabajo tienen las procuradurías, contralorías y veedurías ciudadanas al respecto.

Resumiendo. Las condiciones de existencia y sostenibilidad de las ONG y las ESAL del Sector Social se ven enfrentadas tanto en el presente como hacia el futuro a nuevos retos y desafíos que ponen en entre dicho sus reales capacidades para afrontarlos, al tiempo que deben mantener la reputación institucional, la confianza pública, el reconocimiento, la transparencia, la efectividad y la eficiencia ante los otros actores políticos, sociales y económicos tanto a nivel nacional como internacional. De no hacerlo se debilitarán y deteriorarán aún más, su imagen, prestigio y credibilidad.

En ONG y ESAL con problemas de carencia de recursos estables, de planeación estratégica, de poca planta de personal, de débil relacionamiento y articulación con otras organizaciones y actores, de proyectos y programas con débil capacidad de gestión,  formulación y estructuración, de gobernabilidad, limitaciones en adopción de tecnologías, no cumplimiento de objetivos, del presupuesto de ingresos y egresos, ausencia de estandarización de procesos internos, baja comunicación interna y externa, pocas oportunidades de capacitación del equipo de trabajo, es comprensible que el seguimiento, monitoreo, evaluación  e impacto social de los proyectos y programas no sea asumido como una prioridad misional e institucional, ante el cúmulo de problemas por resolver en el día a día. Sin embargo, es preciso reconocer el trabajo de las ONG y las ESAL, en especial las que pertenecen al Régimen Tributario Especial RTE de la DIAN, en el tema de la promoción de los Derechos Humanos, la participación en Mesas de Trabajo en la formulación  de políticas públicas con el Estado y la Sociedad Civil, en los aportes al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 (ODS) de las Naciones Unidas desde el 2015, en el apoyo y acompañamiento, con los recursos disponibles, a las comunidades y a la población más vulnerable en la resolución de sus problemas mas apremiantes. Es una gestión muy importante y meritoria.

Por último. Carecemos pues, en Colombia, de información confiable, cierta, global y consistente acerca de la medición tanto de la cuantía del impacto social de la Empresa Privada y las ONG y ESAL del Sector Social en la ejecución de sus proyectos y programas, como de las verdaderas transformaciones y cambios positivos en el bienestar económico y social de la ciudadanía y de las poblaciones más vulnerables. En este sentido queda mucho trabajo y gestión por hacer.