martes, julio 07, 2026

El síndrome y la trampa del fundador en una ONG

 


El síndrome y la trampa del fundador/a en una ONG

 

Luis Julián Salas Rodas

Sociólogo

Universidad Pontificia Bolivariana

Especialista y Magíster en Ciencias Sociales: Gerencia del Desarrollo Social

Universidad de Antioquia

Magíster en Ciencias de la Educación: Opción Desarrollo Social

Universidad París XII

Exdirector ejecutivo de la Fundación Bien Humano

Expresidente de la Federación Antioqueña de ONG

Blogs en Google: Familia y Otros, Juntas Directivas ONG; ONG y Gerencia Social

Luijus34@gmail.com

@LuisJulianSalas

Medellín - Colombia

 

Existen muchas razones y motivos que llevan a una persona a liderar la creación de una ONG: el deseo de hacer el bien a la humanidad, el aportar a la solución de un problema de la sociedad, honrar y perpetuar la memoria de un familiar fallecido. Para la consecución de tal propósito el fundador/a convoca a sus familiares, a sus amistades, compañeros, colegas a aunar esfuerzos y recursos, de todo tipo, para concretar el inicio de la organización. Las voluntades se congregan en una asamblea de constitución donde se fijan los estatutos y el organigrama. El acta se presenta luego a la autoridad correspondiente para obtener la personería jurídica y la representación legal.

Casi siempre el fundador/a se erige como presidente/a eterno/a de la junta directiva y es quien lleva la representación legal y su firma en los documentos financieros de la organización. Es quien decide que personas conformaran la junta directiva y su permanencia en ella. Y si la ONG es de carácter familiar, con mayor razón. Es de admirar el deseo y la voluntad de un fundador/a en querer hacer el Bien a la sociedad al promover la creación de una ONG a su servicio, bienestar y desarrollo. Poseen visión, pasión, carisma, una gran voluntad y resiliencia en vencer obstáculos y dificultades. Valores muy necesarios en los primeros años de vida institucional en una ONG. Pero, no se puede confundir la vida personal con los propósitos de la organización.  El mayor riesgo y tendencia del fundador/a es que derive en un estilo de dirección ególatra y autocrática donde sus opiniones, criterios y decisiones se imponen y son acatados, sin discusión, por los integrantes de la junta directiva.

Las funciones más importantes de una junta directiva son las de asesorar, apoyar supervisar el trabajo de la dirección ejecutiva. Velar porque sus decisiones sean cumplidas y no desconocidas. No puede convertirse en un comité de aplausos o en un funcionamiento, sumiso, pasivo y silencioso. Especial aporte de conocimientos, experiencias, independencia y buen juicio dan los miembros externos de una junta directiva. Desafortunadamente, esta situación no es posible en una junta directiva de presidencia autocrática. 

Así como las personas cambian en su Curso de Vida también las organizaciones, que son creación humana, cambian en el transcurso del tiempo. De ahí que para la garantizar la sostenibilidad de una ONG es muy importante la rotación entre la permanencia y el cambio en la composición de la junta directiva y de sus líderes.  La inmovilidad conlleva a que se instaure el síndrome, la trampa del fundador/a, se desconozcan el cumplimiento de ciclos, la necesaria renovación, la evolución en los estamentos de gobierno de la ONG, y se instale la resistencia, el temor, el miedo a delegar, a perder el control de las decisiones y se opongan a las nuevas ideas, los nuevos proyectos y programas como una amenaza a lo ya establecido, a lo rutinario.  Se niega el cambio por considerarlo que perjudica el ejercicio del poder autocrático del fundador/a. El fundador/a de dichas características termina, casi siempre, inmiscuyéndose en el día a día de la organización, en lo que se conoce como la micro gerencia, la coadministración. Práctica nociva que perjudica la autoridad y la buena marcha de la administración.

Lo paradójico del caso es que puede darse una ONG exitosa y reconocida en el medio por el cumplimiento de su misión institucional bajo un gobierno autocrático, pero, no es lo deseable. Lo deseable es que una ONG se rija por los principios de una gobernabilidad democrática en un Estado Social de Derecho.

Cuando se asienta la permanencia prolongada de los integrantes de una junta directiva y de su presidente/a fundador/a se genera un sentimiento no de pertenencia sino de apropiación de la ONG en el sentido de creerse, ellos y ellas, sus legítimos dueños. Y no debería ser así por cuanto lo que realizan es un encargo fiduciario una delegación legal de compromiso y responsabilidad de debida diligencia por parte del Estado y la sociedad en la custodia de un patrimonio económico, institucional y social. Tan es así que la Ley ordena que en caso de liquidación de una ONG los activos y el patrimonio deben transferirse a otra ONG con similar propósito social.

Cuando los lideres, los responsables de dirigir una ONG aceptan, definen que es necesario conservar y que es necesario cambiar y mejorar, se sitúan en la línea correcta para garantizar no solo la sostenibilidad sino, además, que la misión institucional y el objeto social están acordes con lo que demandan, esperan de ella la sociedad y las comunidades.

No solo los estatutos rigen la organización y su funcionamiento. Es necesario acoger los lineamientos, principios y orientaciones de un Código de Gobierno Corporativo que ordene, fije y limite los alcances de todos los actores involucrados de la ONG, que haga obligatorio el declarar los posibles conflictos de interés y su adecuada resolución. Que junto con los estatutos prevea tanto la sucesión como el empalme generacional en los puestos de liderazgo y administración.

La llamada prueba ácida de una ONG es que una vez hayan fallecido el fundador/a o los fundadores/as ella continué su vida institucional. Cuando esto no ocurre significa que fallaron en asegurar la sostenibilidad, que no lograron separar la vida personal y familiar de los creadores con la vida institucional; y al no haber previsto una buena sucesión y empalme generacional la organización termina debilitándose hasta llegar a desaparecer de la sociedad. Esas son, pues, las consecuencias fatales del síndrome, de la trampa del fundador/a en una ONG.    

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