Luis Julián Salas Rodas
La
vocación y elección profesional
Fue en quinto bachillerato, no en décimo
grado por cuanto soy de la generación de mediados del siglo XX, que tomé la
decisión de estudiar sociología y vivir de y para ella. Fui el único de 123
compañeros de promoción del colegio San Ignacio de Loyola a lo que en ese
tiempo se denominaba, con indulgente compasión las humanidades. Mis materias
favoritas y en las que sacaba mejores notas, tanto en la primaria como el
bachillerato eran: sociales, cívica, geografía, historia patria y gramática.
Así que la elección por la sociología ya venía perfilada desde la infancia y la
adolescencia. Elección reforzada por la atenta lectura, en la biblioteca del
colegio, del tomo 3, de La Aventura del Saber, de 1967, de la Editorial Salvat,
dedicado a las Sociedades Modernas. Debo a los padres jesuitas dos enseñanzas
muy importantes en mi vida: el amor, la pasión por el conocimiento y la
disciplina en el estudio.
La decepción paterna y el ingreso a la
Facultad de Sociología de la UPB
Luis Miguel Salas Bermúdez, mi padre
samario no alcanzó a acompañarme a recibir el grado de sociólogo por cuanto
falleció durante el segundo semestre de la carrera. Celmira Rodas Zuluaga mi
madre paisa había muerto mucho antes cuando cursaba quinto de primaria. Fui el
tercero de 6 hijos. Con gran decepción, llanto y tristeza asumió mi padre
samario la noticia de mi elección profesional. Él quería que estudiase Derecho.
No pudo aceptar que uno de sus hijos optará por una profesión cuyo único
horizonte, según él, era el de ser profesor de sociales devengando un modesto
salario. No me fue fácil sostenerme en la decisión cuando era común leer en las
paredes: Se necesita sociólogo con bicicleta y escuchar, con burla de
los amigos, aquello de que la sociología es una ciencia con la cual y sin la
cual la sociedad sigue tal cual. A
todo lo anterior se sumaba la sospecha de ser simpatizante de las ideas
comunistas y subversivas. No era muy promisorio el futuro que se avistaba, en
verdad mi padre tenía motivos suficientes para llorar y sentirse decepcionado.
Sin embargo, me mantuve firme en mi decisión y me inscribí como aspirante de
sociología en la Universidad de Antioquia, pero, cosas del destino, ese año,
1975, anularon, por fraude, los exámenes de admisión en dicha universidad;
también me presenté y pasé a la Facultad de Sociología de la Universidad
Pontificia Bolivariana, sede La Playa. Como el estudio era nocturno, de día
trabajaba como tabulador de encuestas y los fines de semana y tenía un trabajo
estable. como encuestador en la firma INVAMER. A los 18 años ya devengaba un
salario. Como provenía de un colegio masculino fue todo un suceso y motivo de
satisfacción personal el poder estudiar y compartir amistades con mujeres.
Motivo y satisfacción que más tarde en el trabajo con el Sector Social y las
ONG habría de continuar.
En 1976, en el primer semestre, durante
40 días tuvo lugar una huelga general de estudiantes por el alza de matrículas.
Como protesta los estudiantes a favor del paro hicimos marchas con carteles por
la avenida la Playa hasta el edificio Coltejer. Todo un acontecimiento para un
estudiante primíparo egresado de un colegio católico. En ese momento, recuerdo,
la matricula mínima era de $1.100 y se subió a $1.320. Estudiantes de3
sociología lideraban las asambleas. El rector era Monseñor Luis Alfonso Londoño
Bernal (+). Se desempeñaba como decano de la Facultad de Sociología Carlos
Ocampo Gómez (+). Secretario académico, John Jairo Ochoa Tabares, sociólogo,
luego Trinidad Goez (+), y como auxiliar de secretaria, Nazareth Álvarez
Paniagua. La planta profesoral de los primeros semestres, la conformaban, en
ese entonces, 21 profesores hombres. Ninguna mujer. No se hablaba, por
entonces, de la participación y equidad de género. Entre los nombres de
profesores y profesoras que recuerdo con admiración y gratitud están: Hernán
Escobar, Ernesto Quirós (+), Javier Galeano, Hernán Mejía, Gustavo López,
Hernando Restrepo (+) y Jaime Ruiz (+). Más adelante, en el quinto semestre, si
tuve la oportunidad de tener dos muy especiales profesoras: Alaba Lucía Serna
(+) y Eumelia Galeano. Con Alba lucía pude conocer a fondo la teoría
estructural funcionalista y con Eumelia realizamos dos visitas de campo, las
únicas e3n toda la carrera, en la materia de sociología rural una a la finca
cafetera La Amalia en el municipio de Venecia y otra a una vereda minifundista
en el municipio de Marinilla. El pensum
académico era de ocho semestres y las áreas de estudio eran; Metodología de la
investigación, sub - teórica, sub - área instrumental, teorías sociológicas,
historia, economía, área de disciplinas auxiliares, seminarios e idiomas.
Fui un buen estudiante y en varias
ocasiones obtuve la beca de honor por tener las mejores calificaciones de sociología
de la facultad y el reembolso de la exoneración del pago de matrícula. Me
nombraron, también, como monitor de sociología a cargo del profesor Hernán
Escobar Roldán. En 1981 me gradué, en compañía de Fabiola Gonzales Merino y
Juan de Dios Montoya Londoño, con una tesis titulada: Lo urbano, la
enfermedad y la salud.
Alguna vez le oí decir a Monseñor Félix
Henao Botero, exrector de la universidad, que los sociólogos: éramos una
especie de agnósticos ilustrado. Que sabíamos de todo, pero que no creíamos en
nada. ¡Buena definición!
Al fallecer mi padre presenté papeles de
la sucesión a la oficina de trabajo social de la universidad para la
reconsideración de la matrícula de mi hermana María Isabel que cursaba el
último semestre de arquitectura. La solicitud recibió respuesta positiva y de
$34.000, $17.000 por cada uno de nosotros, la más alta de la universidad en ese
entonces, bajo a $2.000, la más baja. Y como éramos dos hermanos, recibimos,
además, un descuento del 10%, quedando al fin la matrícula en $1.800. Una gran ayuda económica para nosotros.
Siempre lamenté que la vida no me
hubiese dado la oportunidad de que mi padre se hubiese sentido muy feliz y
orgulloso de los logros profesionales de su hijo sociólogo.
Cierre de las Facultades de Sociología y
Filosofía
Ya para el año 1981 se anunciaba por
parte de las directivas de la universidad el cierre de estas dos carreras por el
bajo número de estudiantes matriculados. Fungía como decano de la facultad el
sociólogo José Fernando Montoya. La matrícula de sociología se cubría, en
parte, con estudiantes de segunda opción. Los programas se cerraron en 1984.
Años después cerraron sociología en la Universidad San Buenaventura y la
Autónoma Latinoamericana, quedando solo el Departamento de Sociología de la
Universidad de Antioquia.
Primeros empleos
Una vez graduado el ejercicio
profesional lo inicié, como coinvestigador, durante un año con otras sociólogas
en una investigación para la Unión de Ciudadanas de Colombia sobre las
condiciones laborales de las mujeres trabajadoras en Medellín. Luego me nombraron
como director del Centro Sicopedagógico de la División de Bienestar Social de
la Secretaría de Salud del municipio de Medellín. Una institución cerrada que
atendía la problemática de niños y adolescentes con problemas de conducta
internados por jueces de menores. Muchos de ellos llamados los hijos del
municipio. Allí conocí, por primera
vez, los efectos aniquiladores de la pobreza, el abandono, el maltrato y la
violencia intrafamiliar sobre el desarrollo de la personalidad de este grupo
poblacional.
En 1984 me vinculé como profesional
tallerista de la Fundación para el Bienestar Humano FBH, hoy Fundación Bien
Humano, durante cinco años. En esta ONG tuve la maravillosa oportunidad de
conocer la Colombia diversa, rural, profunda, lejana y de difícil, acceso, en
el trabajo con normalistas, maestros, profesores, padres y madres de familia. Esta
época profesional de mi vida la nombro como la del apostolado laico, por
la entrega personal, la dedicación, la intensidad del trabajo, por la
aceptación de los participantes a los contenidos y metodología de los talleres
que implicaban un reto permanente de innovación ante públicos tan distintos. En estos años trabajé en municipios y
departamentos como Pesca y Duitama, en Boyacá; Aguadas, en Caldas; Rio de Oro,
La Gloria, en el Cesar, Socorro, Molagavita, Provincia de García Rovira, Barrancabermeja
y la Belleza, en Santander; Arauca; Juan José, Tierra Alta, en Córdoba. En Juan
José tuve que vencer mi miedo a las culebras que cruzaban por la ramada de paja
que tenía por habitación y creer en lo que me decían las hermanas de la
comunidad religiosa de las Lauritas acerca del pacto que la madre Laura, su
fundadora, de que ninguna serpiente atacaría a una de sus hermanas o a que
estuviese cerca de ellas y así fue pues ninguna de las cinco culebras que vi en
mi estancia allí me picaron. En el municipio de Tuchín, Resguardo de San Andrés
de Sotavento, Córdoba, donde los descendientes de los indios Zenúes, donde
elaboran el sombrero voltiao, tuve la oportunidad de conocer a Don José,
un artesano indígena, descendiente de los Zenú quien me invito a pasar a su
humilde bohío; allí dos ataúdes negros centraron mi atención: uno abierto que
servía de guardadero de los juguetes de los nietos/as y otro encaramado en el
zarzo, debajo del techo. Al notar mi asombro y sin darme tiempo a preguntar, me
dijo que él y su señora eran personas pobres pero dignas, que el extremo de la
pobreza y de la indignidad era morirse
y tener la familia que salir a prestar el cajón entre los vecinos
para ser enterrado. Que él y su señora podían morirse en paz y con tranquilidad
porque ya tenían comparado sus cajones. ¡Que admirable lección de vida y
de dignidad la que ese día me enseño Don José!
Otros municipios visitados fueron: Cajamarca
Honda, Herveo (donde tuve que fumigar el colchón por las pulgas) y Armero,
en el Tolima. En Armero trabajé, durante una semana con un grupo de 63
maestros/as y profesores/as en el mes de agosto de 1985, tres meses antes de la
erupción del Volcán Nevado del Ruíz. Del grupo solo sobrevivieron 3 personas.
Esta tragedia me impactó mucho,
Cuando estaba en Medellín nos tocaba
repartir volantes en las casas y hacer reuniones de padres y madres en las
escuelas para motivarlos a inscribirse como participantes del Curso de
Formación para la Vida en Familia.
De mi apostolado laico, de esos
años, conservo una grata vivencia de cambio y transformación humana. Al tercer
año empezaron las dudas, las vacilaciones, acerca del sentido y la utilidad del
trabajo promocional y preventivo con los padres y madres de familia. Todos los
viernes, durante cuatro meses debía dictar el curso Vivamos en Familia, de tres
a cinco de la tarde, en un precario salón comunal, en el sector marginal de la
Avanzada, arriba de Santo Domingo Savio, donde el viento se devuelve, en
la Comuna Nororiental de Medellín. Tenía que caminar 20 minutos por unas
empinadas y peligrosas escaleras, luego de casi una hora y media de recorrido en
bus desde el viejo Guayaquil. Ni en la imaginación más fantasiosa estaba la
idea de que algún día la distancia sería acortada por la construcción y puesta
en servicio de un metro cable. Los viernes por la tarde, precisamente, se
agudizaba la crisis y el deseo de renunciar. Al final del cuarto mes, al
terminar una sesión del curso se me acercó un niño, cálculo que debía tener
alrededor de 12 años, el cuál esperó a que yo estuviera solo, a darme las
gracias. Le pregunté gracias por qué o de que, y él me contestó: profe, es que desde que mi mamá asiste a sus
clases me quiere más porque ya me abraza, ya no me grita, ni me pega, y ella
cambio por sus enseñanza y consejos. Sobra decir que las dudas se esfumaron
en el acto, que allí, con el testimonio libre y espontáneo de ese niño
comprendí que mi trabajo en la FBH tenía mucho sentido, que valía la pena el
esfuerzo del fatigante viaje en bus y la subida y bajada a pie por
aquellas tortuosas escaleras. Habíamos logrado cambiar, en forma positiva, la
relación, el vínculo afectivo de una madre con su hijo, habíamos hecho posible
la alegría, la felicidad y el bienestar de un niño. Y después, cuando me
desempeñaba ya no como profesional tallerista sino como director ejecutivo de
la FBH, en los inevitables momentos de soledad y desesperanza que conlleva el
ejercicio del poder, venía a mi mente, a mi memoria la sonrisa, la cara alegre
de ese niño que me animaba a continuar con la tarea de generar desde la
dirección de la Fundación más oportunidades de cambio y transformación en la
vida de las personas, familias y comunidades vulnerables del país.
La fuerza de un testimonio se convirtió,
para mí, en una profunda convicción del poder transformación que logran las
personas cuando introyectan un conocimiento, reflexionan y luego modifican en
forma positiva actitudes y comportamientos. No
podemos desconocer que hay determinantes, situaciones de extrema indigencia, de
pobreza y enfermedades mentales que impiden a las personas cambiar, pero no
menos cierto es que como seres humanos estamos dotados de inteligencia, de
conciencia, de juicio, de criterio y que tenemos, además, la opción de elegir y
decidir.
Participación en estudios
socioeconómicos de valorización y ambientales
En el intermedio de los trabajos me desempeñé como sociólogo contratista del municipio de Medellín en los estudios socioeconómicos de determinación de la capacidad de pago de los contribuyentes de las obras de valorización decretadas por el Instituto de Valorización INVAL (Ya liquidado). También participé en la ejecución de estudios de impacto ambiental en el componente social-.Esta experiencia fue muy instructiva en mi formación por cuanto implicaba un trabajo interdisciplinario con otros profesionales.
Trabajando con un grupo de normalistas en el municipio de Marinilla y un grupo de madres de familia de la escuela República de Dinamarca en Medellín
Docencia universitaria y administrativa
Mi primera vinculación como docente fue,
en 1982, en el CEIPA como profesor de cátedra en las asignaturas de sociología
general y sociología de educación. De 1988 a 1990 me desempeñe como profesor
externo de sociología, de pregrado, en las Facultades de Administración,
Comunicación Social, Trabajo Social y Formación Humanista en la UPB. En 1991,
por invitación de la profesora y colega Alba Lucia Serna (+), jefe del
Departamento de Sociología de la Universidad de Antioquia, estuve como docente
ocasional, de medio tiempo, por un año, de diseño cuantitativo 1 y 2, en quinto
y sexto semestre. Fue esta una experiencia difícil ya que había en el
departamento un ambiente de hostilidad, de enfrentamiento entre los profesores.
Más, sin embargo, pude realizar con los estudiantes visitas de observación de
trabajo de campo en barrios de la ciudad. Del año 2008 hasta el 2013 me vinculé
como profesor de cátedra en la Especialización en Familia de la UPB. Tuve,
además, vinculación con la Universidad EAFIT, Universidad del Norte,
Barranquilla y la Pontificia Universidad Javeriana, de Cali, en temas de
familia y gobierno corporativo en el Sector Social y las ONG. Entre los años
2008 a 2011 fui docente del Diplomado en Cooperación Internacional para el
Desarrollo. Módulo: Gestión Integral de entidades pertenecientes al Tercer
sector de la UPB. En 2021 profesor
de la Maestría en Familia de la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla. Del
2021 al 2023, estuve como docente del módulo Familia y Sociedad de la Maestría
en Familia de la UPB. En el 2026 en la Maestría en Salud Familiar y
Comunitaria. Curso de Políticas Públicas en Familia y Salud.
La pasión por el conocimiento y la
disciplina de estudio aprendida de los padres jesuitas me fueron de gran
utilidad en mi ejercicio docente, donde el contacto y relación con los
estudiantes era un mutuo y satisfactorio aprendizaje, el cual extendí, incluso,
después de pensionarme.
Del 1995 a 1997 me desempeñé como
Coordinador de Extensión, de medio tiempo, del Instituto de Estudios Regionales,
INER, de la Universidad de Antioquia, cuyo jefe era el profesor, antropólogo y
experto en familia Hernán Henao Delgado (+), vilmente asesinado, en 1999, en
las instalaciones del INER, en la Ciudad Universitaria. Gracias a Hernán pude
conocer y tratar, en sus últimos años de vida, a la antropóloga Virginia
Gutiérrez de Pineda (+), maestra e investigadora insigne en temas de familia.
Mi formación de posgrado
Entre 1995 y 2003 me gradué como
Especialista y Magíster en Ciencias Sociales, Gerencia de Desarrollo Social, de
la Universidad de Antioquía y, a la vez, como Magíster en Ciencias de la
Educación, Opción Desarrollo Social, de la Universidad Paris XII, en convenio
de co-titulación con la Universidad de Antioquia. Para obtener este título era menester
una pasantía en Paris para sustentar la tesis presentada y aprobada por la
Universidad de Antioquia. El trabajo de grado de la maestría trató sobre: El
cambio en las juntas directivas y los estilos de liderazgo en las ONG: una
prioridad de la gerencia social. Cambios y estrategias para el fortalecimiento
de las juntas directivas de la Corporación Paisa Joven.
Maestría cuyos costos de matrícula
fueron cubiertos por la Corporación Paisa Joven (ya liquidada) y la Fundación
Bien Humano. De mucha utilidad me sirvieron para mi desempeño como director
ejecutivo de la FBH mis estudios de posgrado y algunos cursos adicionales de
administración y finanzas.
El título de familiólogo no lo conseguí
por haber cursado una especialización o maestría en familia, sino por haber
trabajado, al lado de expertos, durante 29 años en la FBH.
En 2002 cursé en la Facultad de Ciencias
Económicas de la Universidad de Antioquia, un Diplomado acerca de: La
Gestión de Proyectos de la Cooperación Internacional para el Desarrollo.
Relación con la empresa Metro de
Medellín
En 1989 hasta el año 1991, al finalizar
mi vinculación con la FBH, fui llamado por la empresa Metro para hacer parte como
sociólogo analista del equipo de valorización en el estudio socioeconómico del
proyecto de distribución y cobro de plusvalía a los propietarios de la zona de
influencia por la construcción y funcionamiento del sistema masivo de
transporte urbano del Valle de Aburrá. Es de anotar que desde el año 1988 a
1992 la obra del Metro estuvo paralizada por el conflicto jurídico y financiero
entre el Consorcio Hispano - Alemán y la empresa Metro. Los medios de
comunicación y la Opinión Pública eran adversos a la obra. ¿Y qué sería de la
movilidad y calidad de vida de Medellín y el Valle de Aburrá sin la operación
del Metro? Un caos total.
El estudio de valorización estimó que la
plusvalía causada, o sea el mayor valor del suelo generado por la obra, era de
140 millones de dólares. Cuantía que nunca se decretó, pero que sirvió para
expedir, por primera vez en Colombia, una ley de financiamiento de los sistemas
de transporte masivo en las ciudades, donde el Gobierno Nacional financiaba el
70% de su costo y los entes territoriales el 30% restante. Un proyecto muy
valioso generado en esa época fue el adelantado por el área de comunicaciones y
el antiguo Banco Industrial Antioqueño BIC acerca de la Cultura Metro como una
estrategia de pedagogía y convivencia del uso del sistema Metro por parte de
los futuros usuarios. estrategia que resultó exitosa y que aún es vigente y
modelo para otros metros del mundo.
Una llamada telefónica y mi destino como
director ejecutivo de la FBH y la Familiología
A mediados de 1992 y terminada mi
gestión en la empresa Metro recibí una llamada telefónica de Inés Elvira
Gautier Restrepo (+), directora ejecutiva de la FBH, hija de doña Ana Restrepo
de Gautier (+), una de las fundadoras, en la cual me anunciaba su retiro de la
entidad y me proponía, en nombre de la junta directiva, como su sucesor en el
cargo. La noticia me tomó por sorpresa pues habían transcurrido tres años de mi
retiro en la FBH y pensaba que mi ejercicio como sociólogo sería en las áreas
de docencia, investigación y asesoría. Le contesté que me dejará consultar la
decisión con la almohada. La consulté y le dije que sí. Pensé que podía estar
allí dos o tres años, pero me equivoqué.
Fueron 24 años continuos de mi vida como su director ejecutivo.
La Fundación para el Bienestar Humano,
hoy Fundación Bien Humano FBH, fue creada en 1934, en Medellín, por un grupo de
damas católicas de la alta sociedad de Medellín, encabezada por la señora
Mercedes Restrepo de Bernal con el nombre de Comité de Damas de la Caridad,
después Sociedad de Damas de la Caridad, con el objetivo de: atender a las
personas y a las familias en sus domicilios. Las Damas de la Caridad
nacieron en Francia por San Vicente de Paul, patrono universal de la cardad,
con el propósito de ayudar a los párrocos en sus obras sociales. Bajo un
enfoque asistencial y religioso, como correspondía a la época. las Damas realizaron
un amplio trabajo con las familias pobres y migrantes en el barrio Las
Estancias, sector centro oriental de la ciudad. Obraron como un centro de
prácticas para las estudiantes de trabajo social de la UPB y como oportunidad
de empleo para sus egresadas. En 1970 cesaron todos los programas y vendieron las
instalaciones al municipio de Medellín iniciando una nueva etapa de trabajo en
el área de la educación familiar preventiva y la interrelación padres - hijos a
nivel nacional. La FBH adoptó innovaciones educativas como la educación a
distancia y las series radiales. En los años 80 implementó el programa de
Formación para el Trabajo con la Familia con maestros y docentes. Programa
reconocido con créditos para el escalafón docente por el Ministerio de
Educación Nacional. En este período la FBH alcanzó una cobertura geográfica en
510 municipios y los 32 departamentos del país.
Al tomar posesión del cargo de director
ejecutivo me preguntaba: ¿Qué sabíamos del sector Social? Nada. ¿A quién
conocíamos? A nadie. A la semana siguiente tuve mi primera junta directiva para
conocer a sus integrantes. Recibí una fundación reducida en el número de
profesionales como resultado de ajustes de presupuesto. La entidad se sostenía
con rendimientos del patrimonio, en un 96%, rendimientos que se fueron
reduciendo por la baja de las tasas de interés. Así que la tarea prioritaria
consistió en aumentar los ingresos operacionales con nuevos proyectos y
programas para ofrecerlos a nuevos contratantes. La oferta se amplió para
incluir niños, niñas, jóvenes y adolescentes. Se lograron establecer alianzas
con otras ONG y contrataciones con distintos entes territoriales. En 1993 la
FBH junto con el Centro Persona y Familia, los Centros de Formación Familiar,
el Instituto Psicoeducativo de Colombia, IPSICOL, y el Instituto de Apoyo a la
Familia, IDEAF, crearon la alianza del Comité Interinstitucional de Familia CIF,
del cual ejercí como su secretario – coordinador, para liderar desde el Sector
Social la política pública de familia del municipio de Medellín. Con el CIF y
la Secretaría de Bienestar Social llevamos adelante en 1994, Año Internacional
de la Familia, dos congresos latinoamericanos de familia y, durante varios
años, el proyecto de educación familiar preventivo: Familia Siglo XXI: Hacia
la construcción de una vida cotidiana diferente en todas las comunas de Medellín.
Con la participación del CIF se lograron dos Acuerdos del Concejo de Medellín
para las familias: en 1993 uno que creó el Foro Anual para la Familia, como
espacio de interlocución y sensibilización de familias, actores públicos,
privados y sociales sobre los asuntos que atañen a la Familia. En el 2011
el Acuerdo # 54 que adoptó la Política Pública para la promoción, prevención,
atención y restablecimiento de los derechos para la Familia de Medellín, siendo
la Secretaría de Inclusión Social, Familia y Derechos Humanos la responsable de
ejecutar dicho Acuerdo.
Leer y escribir la realidad para ser
libres, programa de
alfabetización de adultos para restituir el derecho a la educación e inclusión
social y Con-sentimiento para la prevención del embarazo en adolescentes
fueron programas con gran acogida e impacto en la sociedad. Gracias a los
distintos programas públicos y del Sector Social la problemática del embarazo
en adolescentes se ha venido reduciendo. Por iniciativa personal, aprobada por
la junta directiva y el comité de familia de la institución de la FBH, se
realizó la investigación: La organización n social del cuidado de niños,
niñas y adolescentes en Colombia, Áreas urbanas. Llevada a cabo en cinco
ciudades, con cinco universidades y un equipo de 23 investigadores/as, en la
cual participé como coinvestigador. Siendo la trabajadora social y
profesora especial de la Universidad Nacional Yolanda Puyana Villamizar,
reconocida experta en temas de familia y género, la directora de la investigación.
Investigación ganadora del Premio Nacional de Familia de la Fundación Barco, en
el año 2023, dotado con $50.000.000, suma que se repartió por partes iguales
entre los investigadores/as. La categoría de Cuidado entró a hacer parte de
la política pública de los entes territoriales mediante los sistemas regionales
y locales del Cuidado. La Corte Constitucional reconoció el Cuidado como un
derecho fundamental de las personas. La pandemia del COVID 19 puso en evidencia
la fragilidad de la vida humana en el planeta y por eso se adquirió conciencia
de la importancia del Cuidado y sus prácticas como un medio de su protección y supervivencia.
Se creó en la Fundación un Centro Documental especializado en Infancia, adolescencia, juventud,
mujeres y tercera edad. Otro gran logro fue la expedición de la Ordenanza #47 que aprobó la Política Pública de Apoyo y Fortalecimiento a las Familias de Antioquia y la Mesa Departamental de Familias como un espacio de incidencia política, de encuentro y dialogo interinstitucional en torno a temas de familia, entendiendo ésta como la primera agencia de formación humana. Dando cumplimiento, de esa forma, a lo ordenado por la Ley 1361 de 2009, de Protección Integral a la Familia. Ley que reconoció 19 derechos a las familias Gestión donde la FBH tuvo un papel destacado en compañía de otras organizaciones públicas y privadas. En este aspecto Antioquia es modelo para el país. Una lección aprendida de la participación en la formulación de las políticas públicas de familia es que la Ley no soluciona todos los problemas del Estado y la sociedad, pero sin las buenas leyes y su correcta aplicación no es posible empezar a solucionarlas. Las decisiones más importantes que toma una sociedad, para su bien o para su mal, son de índole POLÍTICA. Por eso comprendí que no solo debía ser un sociólogo desempeñando funciones administrativas, académicas o investigativas. También debía ser un ciudadano activo y comprometido ejerciendo incidencia política en los espacios públicos de formulación y aprobación de políticas de familia.
Muy meritorio para una ONG como la FBH
alcanzar una trayectoria de vida institucional de más de 90 años fiel a su
misión de trabajar con y para las familias para su bienestar y desarrollo.
Primero como una fundación de carácter asistencial y confesional, después, con
el transcurso de los años como una organización no confesional experta y
reconocida por su trabajo. No son muchas las ONG en el medio, que logran
cumplir más de 9 décadas de vida institucional. A las Damas de la Caridad una inmensa
gratitud.
En
reconocimiento a su labor la FBH recibió en dos ocasiones, 1959 y 1989, el
premio de Solidaridad de la Fundación Alejandro Ángel Escobar. En el 2006 la
FBH junto con la Corporación Región y Conciudadanía fundaron el Fondo de
Empleados de las ONG; FEDONG, para ofrecer servicios de ahorro y crédito a los
empleados de las ONG. A diciembre del
2025 el total de recursos movilizados en ahorro y crédito de los asociados es
de $8.755.049.812. Una cifra muy destacada.
Entre el 2010 y el 2016 tuve al doctor
Juan Guillermo Jaramillo Correa (+), reconocido líder empresarial, social y
cívico como presidente de la junta directiva. El mejor jefe en mi ejercicio
profesional. Ambos establecimos un liderazgo compartido con base en el mutuo
respeto, la confianza y dialogo fluido. Él como líder de la junta directiva y
yo como líder de la organización. Conté, también, con miembros comprometidos en
la junta directiva y el comité de familia, entre ellos, destacados
profesores/as de la Universidad de Antioquia con los cuales fue posible
adelantar prácticas investigativas en la institución con estudiantes de trabajo
social; y un equipo de muy competentes de profesionales, de ambos sexos, de
tiempo completo, con sentido de pertenencia a la institución responsables en el
desarrollo de los proyectos y programas.
Durante los años de 1996 – 1998 y 2010 y
2011 tuve el honor y la gran responsabilidad de presidir el Consejo Directivo
de la Federación Antioqueña de ONG, FAONG, gremio articulador y representativo .de las ONG del departamento y del Sector Social, de la cual recibí un cálido y
sentido reconocimiento público. Creada por iniciativa de la líder cívica y
social doña Lucía de La Cuesta de Londoño (+) a quien conocía desde los 10 años
por ser la madre de Juan Luis Londoño, compañero de pupitre del colegio,
exministro de Estado quien murió trágicamente en un accidente de aviación. Ella
y Beatriz Restrepo Gallego, eminente filósofa, profesora y asesora de la FAONG,
me enseñaron con su palabra y ejemplo que el capital relacional acumulado debía
de ponerse al servicio de la población vulnerable por medio de las
juntanzas, (lo que hoy se conoce como el Networking), Alguien o una
institución tiene un problema o necesidad, alguien o alguna institución tiene
la solución y otro conoce a los dos y él los junta.
Este cargo me dio la oportunidad de
conocer, a fondo, la dinámica del Sector Social y de las ONG afiliadas. Obré,
además, como coordinador de la Mesa de Infancia y Adolescencia. Entre las
acciones emprendidas por esta Mesa estuvo la de presentar ante el Ministerio de
Salud y Protección Social un derecho de petición para que cumpliese lo ordenado
en la Ley 1361 de 2009 de formular la Política Pública Nacional para las
Familias Colombianas 2012 - 2022. Derecho de petición que fue resuelto
favorablemente.
Por supuesto que en 24 años al frente de
la dirección ejecutiva de la FBH hubo crisis, momentos difíciles de disminución
de ingresos y contratos, pero los supimos afrontar y salir fortalecidos. La
Familia y el Gobierno Corporativo de las ONG fueron, aun lo son, mis temas de
estudio e interés. Tuve la fortuna de estar siempre laborando, ocupado, como
sociólogo.
Haber trabajado en el Sector Social, en
el Mundo de las ONG y en la FBH me dejó grandes aprendizajes, muchas lecciones
de vida como persona y sociólogo. No solo devengue un salario en dinero, sino,
además, un salario emocional. Me mantuve cercano a las alegrías y
sufrimientos de la población vulnerable. Me hizo una persona más solidaria y
generoso. Me permitió la satisfacción personal de haber contribuido a mejorar
el bienestar humano, a brindar oportunidades de cambio y transformación de
muchas personas, familias y comunidades, a tener incidencia política, a
relacionarme con diversas organizaciones gubernamentales y del Sector Social y
a entablar relaciones de trabajo y amistad con colegas y compañeros de otras
ONG.
Libros publicados
Las vivencias, las reflexiones y los
aprendizajes como director ejecutivo y activista gremial los plasmé en cuatro
libros, cuyo proceso de escritura, edición e impresión fue apasionante.
Salas, Luis Julián. 2007. En el Mundo
de las ONG. Digital Express. Medellín.
Salas, Luis Julián. 2014. Juntas
directivas, liderazgo y gobernabilidad democrática en las ONG. Guía para el
fortalecimiento. Todográficas. Medellín.
Salas, Luis Julian. 2022. Las
familias SÍ importan. Ensayos, reflexiones y debates contemporáneos sobre la
situación de las familias colombianas. Multigráficas S.A.S.
Medellín.
Salas, Luis Julián y otros. La
Familia: La primera Escuela. Guías para las escuelas de familia. 2024.
Fundación Secretos para Contar. Panamericana Formas e Impresos S. A. Medellín.
Pensionado, más no jubilado
En el 2016 me retiré de la Fundación y
con ello di fin a mi vida laboral. Seguí vinculado como socio e integrante del
comité de familia. Cumplí con el deseo vocacional y juvenil de vivir de y para
la sociología. Para las nuevas generaciones de Milennials y Centennials, con
otros valores e intereses en la vida personal y laboral, muy respetable, no
está en sus proyectos de vida hacer parte como empleado a término indefinido en
una empresa u organización. No fue mi caso. Lo di todo a esta noble y querida Fundación
y ella, en reciprocidad, también me lo dio todo, con gratos momentos de
reconocimiento por mi gestión y logros institucionales.
Me pensioné, más no me jubilé. En mi jubilación
sigo vinculado como miembro de junta directiva, voluntario y socio en varias
ONG de la ciudad y el país, aportando mi tiempo, mis conocimientos, mis
experiencias y mi capital relacional al cumplimiento de sus misiones
institucionales y a las juntanzas. Con gusto participó de los
conversatorios a los que me invitan los amigos/as y colegas. Dedico, además, el
tiempo a leer buena literatura, a la familia, a las amistades de siempre como
los compañeros de pupitre del colegio, algunas compañeras de curso de la
promoción y a un grupo de colegas exdirectores/as de ONG, lo mismo que para
escribir y compartir en mis blogs, en Google, Familia y otros; Juntas
Directivas ONG; ONG y Gerencia Social. Porque como bien dicen los alemanes: El
saber crece si se comparte. Así que seguiré siendo sociólogo y ciudadano
mientras la mente y el cuerpo me lo permitan.
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